Poema para decir si acude la nostalgia.-
Yo tenía una barca,
y un río que partía mi vida en dos mitades.
Yo tenía en el alma
un dolor encendido desde tiempos remotos
(como de marinero
que hubiese detenido su amor en cada estrella).
Yo tenía una puerta
de par en par abierta para aquellos que un día
llegaran a su abrigo.
Y una huerta plantada
con todos los geranios que en el mundo florecen.
Y perdido en el hueco
más hondo de mis sueños una ilusión a punto
de volverse crisálida.
Un día quise hacerme
a la mar, y los remos se quebraron a poco
de iniciar el viaje.
Y sentí cómo el río
se burlaba en sus aguas de mi pobre barquilla,
de mi poca pericia.
No sirvieron de nada
mis llantos infantiles nacidos de una rabia
teñida de impotencia,
ni los vanos esfuerzos
por encontrar el modo de convertirme en hombre
-acaso no era tiempo-.
Por mi alma seguía
destilando la herida su drenaje de fuego,
derramando su angustia
por el brocal angosto de mi pozo sin fondo,
despertando palomas
que en constante zureo me llevaban al predio
de la desesperanza.
(Yo tenía una barca
mas no fui marinero a pesar de mi empeño).
De mi puerta, a la sombra,
esperé en vano el timbre de una voz, o un suspiro
que cruzara el dintel,
-tal vez nunca lleguemos a saber por qué causa
se nos mueren los sueños-.
(Yo tenía una puerta
de par en par abierta por si acaso llegabas).
En mi huerta, pintada
de infinitos colores, se quebró una promesa.
Con lágrimas de piedra
lloró el ángel del día ante tanta belleza
y el color se hizo río
de dolor por el frágil corredor de mi empeño.
(Yo tenía una barca.
Y una puerta esperando que llegaras un día.
Y un huerto de geranios para darte en ofrenda).
Mi ilusión se hizo añicos
que cayeron rodando sobre el fondo del pozo
como ruedan las penas
y sentí que la tierra no tenía palabras
para tanta desgracia.
(Yo tenía una barca
y una puerta esperando que un día llegaras
y un geranio en la mano que arranqué de mi huerto
y una ilusión a punto de volverse crisálida).
Hoy tan sólo me queda
el rincón de tu ausencia florecido de invierno.
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sábado, 1 de septiembre de 2018
miércoles, 29 de agosto de 2018
POEMA DE OTOÑO
Ay, Otoño, qué cerca te presiento...
No es en los amarillos
destellos con que anuncias tu llegada,
no es en la savia ausente
que reclama su tiempo de reposo,
no en las hojas caídas
bajo los olmos secos de este parque,
no es en la confidencia
que puedo adivinar en tu silencio...
Ya es recuerdo ese tiempo fenecido
en el que eras nostálgico y hermoso,
y en los verdes senderos de mi vida
cincelabas las huellas de tu paso.
Ya es recuerdo de luz tu epifanía
en fragor de encendidos arreboles
que inundaban mi sangre de matices
para llorarte, siempre, a tu regreso.
Era el amor, supongo, primerizo,
el que llamaba entonces a mi puerta,
el que portaba el húmedo aletazo
de tu aliento de vida, y tu fragancia,
el que soñaba el sol en el ocaso
para buscar metáforas al beso...
Era el amor abriendo apresurado
caminos a la sangre y sus compuertas
para llegar por cálidos meandros
hasta la orilla opuesta de otra sangre.
Era el amor. Y el cielo, ensimismado,
llenándose de grises arrebatos
descargaba el ardor de su lujuria
por las senos ardientes de la tarde.
Todo el olor del mar se trasminaba
hasta esta tierra adentro pesarosa
de no tener un barco en su horizonte
ni una estela de espuma en sus orígenes.
El campo entero entraba en calentura
y un ansia maternal se reflejaba
en al cálido almagre de su entraña
fecundador de sueños y cosechas.
Y en el último alero de septiembre
presurosas e inquietas golondrinas
reparaban su brújula y partían
al abrigo feliz de la querencia...
Eras así. Y acaso,
la estación en que el alma se esponjaba
de ese aroma frutal de tus esencias
derramado en los tuétanos del tiempo.
Hoy te siento llegar y me conmueve
ver que tienes el rostro macilento
y caminas extraño y achacoso
por las sendas oscuras de mi noche.
Hoy, abiertas mis páginas finales
te descubro llorando inconsolable
y me faltan alientos para hablarte
con la misma dulzura que otras veces.
Y es que ya no hay razón en mi camino
para aguardar tu tímida caricia
ni le quedan arrestos a mi sangre
para dejar correr tanta nostalgia.
Solos tu y yo, de frente, como antiguos
camaradas de historias imposibles
procurando ignorar el abandono
que reflejan mi rostro y tu impotencia.
Tú me miras y dices: ¡pobre viejo!
Yo te miro y me digo: ¡pobre otoño!
Y en el hueco del alma donde anidan
las cenizas intrépidas de antaño
se despierta un dolor como de cirios
inmolando el misterio de su cera.
Porque ya estoy marcado como fruto
que ha llegado a su clímax y se entrega
cual ofrenda sagrada y generosa
en el acto postrero y sumarísimo
Y es esa entrega en última peonada
la que siento subir arteria arriba
carcomiendo un espíritu aterido
que ya no reconoce tu presencia.
Ay, Otoño, qué cerca te presiento...
No es en los amarillos
destellos con que anuncias tu llegada,
no es en la savia ausente
que reclama su tiempo de reposo,
no en las hojas caídas
bajo los olmos secos de este parque,
no es en la confidencia
que puedo adivinar en tu silencio...
Ya es recuerdo ese tiempo fenecido
en el que eras nostálgico y hermoso,
y en los verdes senderos de mi vida
cincelabas las huellas de tu paso.
Ya es recuerdo de luz tu epifanía
en fragor de encendidos arreboles
que inundaban mi sangre de matices
para llorarte, siempre, a tu regreso.
Era el amor, supongo, primerizo,
el que llamaba entonces a mi puerta,
el que portaba el húmedo aletazo
de tu aliento de vida, y tu fragancia,
el que soñaba el sol en el ocaso
para buscar metáforas al beso...
Era el amor abriendo apresurado
caminos a la sangre y sus compuertas
para llegar por cálidos meandros
hasta la orilla opuesta de otra sangre.
Era el amor. Y el cielo, ensimismado,
llenándose de grises arrebatos
descargaba el ardor de su lujuria
por las senos ardientes de la tarde.
Todo el olor del mar se trasminaba
hasta esta tierra adentro pesarosa
de no tener un barco en su horizonte
ni una estela de espuma en sus orígenes.
El campo entero entraba en calentura
y un ansia maternal se reflejaba
en al cálido almagre de su entraña
fecundador de sueños y cosechas.
Y en el último alero de septiembre
presurosas e inquietas golondrinas
reparaban su brújula y partían
al abrigo feliz de la querencia...
Eras así. Y acaso,
la estación en que el alma se esponjaba
de ese aroma frutal de tus esencias
derramado en los tuétanos del tiempo.
Hoy te siento llegar y me conmueve
ver que tienes el rostro macilento
y caminas extraño y achacoso
por las sendas oscuras de mi noche.
Hoy, abiertas mis páginas finales
te descubro llorando inconsolable
y me faltan alientos para hablarte
con la misma dulzura que otras veces.
Y es que ya no hay razón en mi camino
para aguardar tu tímida caricia
ni le quedan arrestos a mi sangre
para dejar correr tanta nostalgia.
Solos tu y yo, de frente, como antiguos
camaradas de historias imposibles
procurando ignorar el abandono
que reflejan mi rostro y tu impotencia.
Tú me miras y dices: ¡pobre viejo!
Yo te miro y me digo: ¡pobre otoño!
Y en el hueco del alma donde anidan
las cenizas intrépidas de antaño
se despierta un dolor como de cirios
inmolando el misterio de su cera.
Porque ya estoy marcado como fruto
que ha llegado a su clímax y se entrega
cual ofrenda sagrada y generosa
en el acto postrero y sumarísimo
Y es esa entrega en última peonada
la que siento subir arteria arriba
carcomiendo un espíritu aterido
que ya no reconoce tu presencia.
Ay, Otoño, qué cerca te presiento...
jueves, 26 de julio de 2018
ESCENA COTIDIANA
Es una de estas tardes
En las que noviembre quisiera ser mayo
Aunque nos hayan acortado los días
Y la noche nos sorprenda casi en la sobremesa.
Los aleteos del frío, todavía son tímidos y madrugadores
Y el cielo se resiste a mostrarse taciturno.
Hay luz, y sol, y flores
Y aún las abejas revolotean afanosas.
Es uno de esos espejismos que en el desierto
Le servirían al sediento para alargar un poco su agonía,
O su esperanza,
O su agónica esperanza.
Yo regresaba de mi clase de inglés que,
Dicho sea de paso, no
lograré hablar nunca,
Y él estaba allí,
Sentado en el bordillo de la acera con un globo en la mano.
Era un hombre de cuarenta años con ademanes de un niño de
cuatro,
O un niño de cuatro con semblante de hombre de cuarenta
años.
Su rostro, por sí solo,
Era tan perfecto como el de un dios griego,
Y el globo, en su mano,
era un hermoso anacronismo.
Lo miré un segundo, dos tal vez,
Lo justo para rebasarlo en mi trayecto
Y sentir que la vida era un juego maléfico.
Hoy es otro día.
Y sólo me quedaba contarlo.
viernes, 20 de julio de 2018
MULA DE CARGA
Fue la mula uno de esos animales creados por el hombre para
una específica función. En este caso, para el aprovechamiento de su energía y
fortaleza en propio beneficio. Pocos
brutos han dado tal cantidad de juego en las labores agrícolas… No recuerdo un
trabajo que no fuera duro ni jornadas que no fueran de sol a sol. El trabajo
del campesino, casi siempre parejo al de la mula, creaba una relación de camaradería, si bien
era la mula la peor parada, particularmente cuando había que conseguir un
sobreesfuerzo a base de latigazos o
arengas malsonantes a falta de mejores remedios.
Como única recompensa, un pienso a base de paja y cebada que
el animal se encargaba de reclamar a lo largo de la noche con un incesante manoteo
que hacía que el gañán, malhumorado, tuviera que interrumpir su sueño y abandonar
su saca de paja para cumplir con ese indispensable cometido si quería que, al
día siguiente, la acémila cooperara con vigor.
Las casas de labor cobraban importancia en función de los pares de mulas
que tenían los propietarios. Lo normal era un par, dos a lo sumo, salvo los
terratenientes que tenían cuadras
considerables.
Pero en el devenir diario, nadie valoraba ese capital animal
si no era por los miles de reales que pudieran costar cuando pasadas de años y
de esfuerzos eran llevadas al matadero y había que sustituirlas.
Pocos signos de agradecimiento han dejado constancia de la
esclavitud a la que eran sometidas aquellas sufridas criaturas fruto del cruce de yegua y asno. Sirva este humilde
soneto hecho desde el recuerdo de un tiempo desparecido, como homenaje póstumo a su anónimo pasar.
Noble animal de austera arquitectura
hija directa de la diosa Ceres,
firme puntal del hombre en sus quehaceres,
recio engranaje de musculatura.
Briosa conjunción, genio y figura
por los campos de Dios en donde mueres,
estampa a contraluz
de atardeceres
cuando la tierra toda se hace hondura.
Mula de carga, yo vi tu coraje
vi la tragedia de tu
triste sino
vi tu entrega silente y generosa.
Sirva mi humilde verso de homenaje.
Y con mi voz de viejo campesino
déjame pregonar que fuiste hermosa.martes, 27 de diciembre de 2016
TENÍA EL CORAZÓN EN CARNE VIVA
Me quité de en medio
por no estorbar,
por no gritar
más versos quejumbrosos.
Me pasé muchos días sin escribir,
sin veros,
sin comer más que llanto.
Gloria Fuertes.
Tenía
el corazón en sangre viva.
Necesitaba
un vuelo hacia la ternura,
una
palabra que consolara mi aflicción.
Necesitaba
lo que no puedo pedir a los que me sufren.
Así es
la vida de endiablada.
Hace
falta que la hoja se desprenda del árbol
para
cogerla del suelo y acunar su orfandad,
para
acariciarla con la plenitud de la mirada
ahora
que ya no es sombra.
ahora
que el otoño la va a revestir de ese especial encanto
que
tienen las cosas inertes.
Tenía
el corazón en sangre viva
y me
metí en Google.
Busqué
una página de poesía y allí estaba tu mensaje, Gloria,
con
esa manera directa
de
llegar al epicentro del sentimiento, que te caracteriza,
con las
palabras exactas para no desvirtuar lo que quieres decir,
con esa
métrica particular de la que tantos hemos copiado.
Era mi
alma la que se reflejaba en aquellos versos:
“Me
quité de en medio por no estorbar…”
Cuánta
gente habrá dicho esas palabras
comiéndose
el llanto.
Cuántas
heridas de soledad
que no
necesitarían más medicina que la
comprensión,
son la
antesala de la muerte.
Tenía
el corazón en sangre viva
y miré
mi correo electrónico.
Me
encontré uno de esos correos reconfortantes
que
alguien se encarga de echar a rodar
por el
sólo placer de elevar el ánimo de quien lo recibe.
Eran
canciones interpretadas al piano.
Comenzó
a sonar “ No llores por mí Argentina”
y me
sentí envuelto en esa ternura que estaba pidiendo a no sé a quién.
Así es
la vida de maravillosa:
en
cualquier instante,
a la
vuelta de cualquier recodo
te
puede sorprender con ese destello
que no
sabes de dónde procede
pero
llega hasta ti como un bálsamo purificador.
Tenía
el corazón en sangre viva
-la
edad y todo eso,
los
problemas que acaso no son tan importantes,
los
miedos que se adueñan de los sueños
porque
tal vez los sueños, ya anuncian sólo
miedos-
a ras
de defunción,
a punto
de romperse en la caída.
Pero ha
vuelto a latir,
a bombear su mar de sensaciones,
a
dibujar la tímida sonrisa preludio de otro intento.
Ya veis
cuan poca cosa era precisa
para
volver a estar entre vosotros…
viernes, 9 de diciembre de 2016
ANCESTROS.
La vida, en determinadas especies, sólo tiene un significado comtemplativo. Y aunque los humanos, creamos que el reino animal no tiene inteligencia, os dejo este poema para reflexionar sobre esa falsa creencia.
Ancestros.-
El viejo macho, se sentó sobre la gran piedra
desde la que había visto transcurrir
todos los atardeceres de su vida.
La manada, a lo lejos,
retozaba en el abrevadero, ajena a la circunstancia,
por demás cotidiana,
de la estática silueta recortada en el calvero.
Era todo su paisaje, tan sencillo y magnífico
que no había podido pasar ni un sólo día
sin pararse a contemplar la armonía reinante en el lugar.
Nunca se imaginó conquistando nuevos territorios,
ni ambicionó otra forma de vida
que no fuera aquella que le habían transmitido sus ancestros.
Mañana, su cuerpo, yacería inerte
junto a aquella piedra eterna,
y otro macho, el siguiente en la escala de sucesión,
tomaría posesión de aquel símbolo de autoridad
desde el que contemplaría a la manada
retozando en el abrevadero.
El viejo macho sabía que no ocurriría nada extraordinario,
desde la que había visto transcurrir
todos los atardeceres de su vida.
La manada, a lo lejos,
retozaba en el abrevadero, ajena a la circunstancia,
por demás cotidiana,
de la estática silueta recortada en el calvero.
Era todo su paisaje, tan sencillo y magnífico
que no había podido pasar ni un sólo día
sin pararse a contemplar la armonía reinante en el lugar.
Nunca se imaginó conquistando nuevos territorios,
ni ambicionó otra forma de vida
que no fuera aquella que le habían transmitido sus ancestros.
Mañana, su cuerpo, yacería inerte
junto a aquella piedra eterna,
y otro macho, el siguiente en la escala de sucesión,
tomaría posesión de aquel símbolo de autoridad
desde el que contemplaría a la manada
retozando en el abrevadero.
El viejo macho sabía que no ocurriría nada extraordinario,
que el sol se ocultaría, como siempre, por detrás de las lejanas sierras,
que los componentes de la manada mirarían con sorpresa aquel cuerpo inmóvil
y volverían a sus refugios en el interior del bosque,
que la noche le envolvería con su silencio,
un poco más frío esta vez, como era de esperar,
en los aledaños de este tránsito final y misterioso.
El viejo macho, miró por última vez el paisaje de su querencia
en un último intento de aprehender aquella belleza primigenia,
luego entornó los ojos y exhaló su último suspiro.
que los componentes de la manada mirarían con sorpresa aquel cuerpo inmóvil
y volverían a sus refugios en el interior del bosque,
que la noche le envolvería con su silencio,
un poco más frío esta vez, como era de esperar,
en los aledaños de este tránsito final y misterioso.
El viejo macho, miró por última vez el paisaje de su querencia
en un último intento de aprehender aquella belleza primigenia,
luego entornó los ojos y exhaló su último suspiro.
viernes, 2 de diciembre de 2016
TRAYECTO
Con frecuencia, quienes me
leen (no son muchos) dicen que mi poesía es pesimista. Hombre, de humor no es;
frívola tampoco. Podría hacerla y de hecho algunos poemas hago. Pero cuando me
pongo los apechusques de poeta me
alejo de lo superficial y me encierro en mi mismidad ( ya sé que la palabreja
es rebuscada, pero ahí está la condición del poeta, en encontrar las palabras
que definan de manera literaria o hermosa o distinta, lo que podría ser
coloquial, con lo cual no sería poesía).
Yo diría que es realista y se
enfrenta a aquellas situaciones o emociones que nos van conformando y que son
el trasfondo de toda vida, por mucho que queramos eludir lo que para algunos
puede sonar a trágico.
Por último, en mi caso y en
el de muchos poetas a los que he leído, es esa cualidad la que los impulsa a
escribir. No quiere esto decir que uno sea así por naturaleza, o no siempre. En
alguno de mis poemas digo “canto en las horas bajas/ porque en las más
alegres/vivirlas/es bastante”
Así que aquí os dejo otra que
aunque parezca que corresponde a mi reciente edad, se conserva
desde hace muchos años en mi archivo. Lo que quiere decir que mi forma
de entender la vida y la poesía, viene
de lejos. ¡Y ya está bien de explicaciones!
TRAYECTO.
Llegados a este punto uno
comprende
que se apaguen los ojos, que
se anule
su gesto de firmeza, que se
vuelvan
tragedia los recuerdos y el
futuro
nos anegue de tanta
soledumbre.
Llegados a este punto uno
descubre
lo poco que nos queda, lo
importante
que es saber que la meta es
la escalada
de ese puerto final al que
sin duda
llegaremos escasos de
entereza.
Llegados a este punto
equidistante
entre el ayer y el nunca, se
estremece
la sangre en sus alberos,
como el toro
cuando siente el rejón
morrillo abajo
y ventea el olor a sangre
propia.
(Es esta referencia,
permitidme,
la más exacta imagen de
sorpresa
que puedo imaginar).
Ahora
prosigo:
en este punto exacto nace el
alba
que nos hará entender el
claroscuro
que producen las dudas. De
repente
la palidez se enquista entre
los sueños
como un aldabonazo en las
entrañas
y uno deduce, al fin ,que ya
está todo
pendiente de visado, del
último visado
que, como siempre firman los
de arriba,
los que tienen la llave del
misterio.
Mientras tanto,
aún con la lucidez haciendo
astillas
en el gastado corazón, se
acierta
a comprender los gestos, la
tragedia
que supone el final, cuando
la mano
ha rendido el vigor y tiembla
inerte
sobre el triste deshecho que
sonríe
con esa estupidez que da el
olvido.
Uno aún puede entender, por
eso mira
tanta imagen cuajada de
tristeza
como pone la vida ante sus
ojos.
Sin acertar a descubrir la
forma
dulce de las entregas.
martes, 28 de julio de 2015
AÚN ES TIEMPO
Hacerse
viejo no es ninguna tragedia.
(Se lo
digo yo, que ya me estoy haciendo viejo).
La
tragedia sería perder la memoria
(he
sustituido memoria por cabeza),
O
contraer alguna enfermedad de esas que ya nos acompañarán hasta el final:
Glaucoma
ocular,
Artritis,
Próstata,
Párkinson
Demencia
senil…
Enfermedades
de viejo, en realidad, de las que pocos se salvan.
Pero
aún así, los hay que parecen inmunes,
Bien
porque no les afectan de lleno
O
porque saben vivir con sus limitaciones
(Cuesta
toda una vida, no crean,
Aprender
a sacarle partido a las mermas)
Así
que, distinguiendo vejez de enfermedad,
La
vejez es una de las etapas más placenteras de la existencia
(Tal
vez sea porque placentera parece venir de placenta
Que es el lugar donde el ser está más protegido):
No
existen deberes –si no son los que uno
se debe a sí mismo-,
Se han
superado las ambiciones –si queda alguna
es pura costumbre-,
Se
necesita menos para vivir –si se sabe vivir con menos-,
La
seguridad social es gratis –después de cuarenta y ocho años de cotización,
faltaría más-,
El
gobierno te paga las vacaciones –maneras son de afianzar a la parroquia-,
Cobras
sin trabajar –ni en Jauja-,
Eres
reflexivo –el paso de los años es toda una catarsis-,
Ves la
luz al final del túnel –lo malo es que el tren viene hacia ti-,
Comprendes
que los demás piensen que eres viejo
Y que
tus aptitudes se han ido deteriorando
(Tampoco
es cuestión de ponerte a demostrar lo equivocados que están
Es
decir, eres tolerante)
Te
importa menos el tiempo,
La
muerte ya no representa una amenaza,
Sólo le
pides que sea benévola.
(En otras ocasiones, la vejez era el desamparo total,
(En otras ocasiones, la vejez era el desamparo total,
Fíjense
si hemos avanzado en materia social, gracias y a pesar de los políticos).
Y los
que tenemos la suerte de haber accedido
A las
más elementales nociones de navegación por Internet
Tenemos
el mundo en la palma de la mano.
No es
que la ciencia haya alargado la vida, que también.
Es que
la vida es tan dulce que no nos queremos morir.
Y ya se
sabe que no hay mayor empuje que el de la voluntad.
Y si eres
capaz de sortear los fallos de la sanidad pública,
Te
puedes acartonar como Matusalén y rebobinar el cuenta kilómetros..
Ya sé
que este poema puede resultar atípico,
Pero
qué quieren, hacerse viejo supone hablar
Como a
uno le parezca más oportuno.
(El verso
anterior es un eufemismo
Hay
maneras mucho más descriptivas)
Ya no hace falta escribir para la posteridad
(Entre
otras cosas, porque ¿qué posteridad le queda a un muerto?)
Y uno
puede permitirse el lujo de ser algo impertinente.
Al
viejo ya no le importa la hora, le importa el tiempo.
-no
crean que esta frase, tal vez la mejor del poema, es de cosecha propia;
Un
amigo se la oyó decir a un musulmán en Afganistán.
No se
refería a la vejez, se refería al sentido que se le puede dar a la existencia-.
El
tiempo es universal. La hora es sólo una medida perentoria.
El
tiempo es absoluto. La hora es una invención de la prisa.
El
tiempo no pasa. La hora se muere cada sesenta minutos.
Sé que
aún me queda todo el tiempo que necesito
Para
acercarme a mi pensamiento;
Que el
resumen de una vida puede reducirse al espacio de un poema
y, si
me apuran, de un verso.
Tengo
el tiempo suficiente para reflexionar
aunque
supiera que mañana sería el último día de mi existencia.
No me
queda nada por hacer. Y si algo quedara
El
tiempo se encargará de solucionarlo.
Siempre
he creído que era yo el que gobernaba mi tiempo
Y tal
vez por eso, he dado pasos precipitados.
Ahora
es el momento de pasar serenamente,
Por
esta infinitud que nunca supe;
De
pisar la tierra con pasos enamorados, como de labrador que ama su terruño.
Y
cuando el último paso me deje a pie de sepultura o de horno crematorio
No
quisiera que vuestro llanto empañara la visión de mi rostro final,
Porque
ese será el compendio de mi estancia entre vosotros.
Lo que
fui o lo que hice, fue fruto del camino.
Es este
que ahora soy, peregrino después de tantos soles,
El que
pone en vuestras manos su esperanza.
lunes, 1 de junio de 2015
ESE SUEÑO LLAMADO LIBERTAD.
Seréis libres, en verdad, no cuando en vuestros días desaparezca la preocupación y en vuestras noches no haya un deseo ni un dolor, sino más bien, cuando todo aquello aprisione vuestra vida y seáis capaces de elevaros sobre ello, desnudos y sin trabas.
Gibran Khalil Gibran
I
Cuántas veces buscaba tu nombre entre mi llanto
cansado por el peso de mis cargas vitales.
Cuántas veces, buscando salidas a mis males
he gritado tu nombre pidiendo un adelanto
de ese tiempo de dicha que imaginaba tanto,
que acaso comparaba con gozos eternales.
Cuántas horas pasadas detrás de los cristales
buscando no sé dónde, soñando no sé cuánto.
Pero nunca encontraba la respuesta precisa,
y el color de tu nombre no acertaba el sendero
por el que iba mi empeño pregonándote en vano.
Ahora sé que no estabas, que enredado en mi prisa,
te hice viva en mi mente como ingenuo alfarero
que buscara en el barro la ilusión de su mano.
II
Tan sólo una palabra, Libertad, es tu nombre,
-nada existe en la vida que rompa sus esquemas-
tan sólo una palabra hilvanando teoremas
que siempre se pronuncian huérfanos de pronombre.
Mi libertad, paloma que nunca intenta el vuelo,
que prefiere el cobijo del viejo campanario,
que busca entre las sombras el brillo de un denario
y nunca se remonta al sur de un nuevo cielo.
Decir tu nombre es todo lo que le cabe al alma,
soñarte en carne vive cuando el dolor escuece,
buscarte entre las sombras de la última derrota.
Mientras te vas perdiendo como la tarde en calma
como la nube densa que en su fragor decrece
como la vida misma cuando se siente rota.
III
Cada paso es un sueño, cada sueño es un paso,
y entre un paso y un sueño hay poca diferencia:
el sueño es la esperanza que teje la inocencia,
el paso es la inocencia en busca de su ocaso.
El sueño nace al borde de un alma en cautiverio
el paso nace al filo de un sueño en desbandada.
Detrás de un sueño, nunca descubriremos nada.
Detrás de un paso, siempre, nos llama el cementerio.
Y aunque a veces un sueño se convierta en poema
o nos llegue en un paso la esperanza suprema,
seguiremos libando, cual abeja en su rosa.
Porque todo es posible mientras siga la vida
añorando una meta que no da por perdida
y aguardando que al alba alguien la llame hermosa.
IV
Y llegarás un día, cuando el tiempo no cuente ,
cuando ya no te busque por las lomas del sueño
cuando triste y vencido, lo que ayer fuera empeño,
se refugie en la tierra como humilde simiente.
Dejarás en mis manos un dolor floreciente,
como un ramo de luna que no tuviera dueño
y sabré que es la hora por tu aroma marceño
y esa estela de fuego que te irisa la frente.
Como una rosa exacta que abriera a la mañana,
te aguardará impaciente detrás de su ventana
un corazón que aún tiene capacidad de asombro.
Será el último acorde para esa melodía
que aún tiene por su sangre calor de mediodía
y lleva entre sus notas la Libertad al hombro.
Gibran Khalil Gibran
I
Cuántas veces buscaba tu nombre entre mi llanto
cansado por el peso de mis cargas vitales.
Cuántas veces, buscando salidas a mis males
he gritado tu nombre pidiendo un adelanto
de ese tiempo de dicha que imaginaba tanto,
que acaso comparaba con gozos eternales.
Cuántas horas pasadas detrás de los cristales
buscando no sé dónde, soñando no sé cuánto.
Pero nunca encontraba la respuesta precisa,
y el color de tu nombre no acertaba el sendero
por el que iba mi empeño pregonándote en vano.
Ahora sé que no estabas, que enredado en mi prisa,
te hice viva en mi mente como ingenuo alfarero
que buscara en el barro la ilusión de su mano.
II
Tan sólo una palabra, Libertad, es tu nombre,
-nada existe en la vida que rompa sus esquemas-
tan sólo una palabra hilvanando teoremas
que siempre se pronuncian huérfanos de pronombre.
Mi libertad, paloma que nunca intenta el vuelo,
que prefiere el cobijo del viejo campanario,
que busca entre las sombras el brillo de un denario
y nunca se remonta al sur de un nuevo cielo.
Decir tu nombre es todo lo que le cabe al alma,
soñarte en carne vive cuando el dolor escuece,
buscarte entre las sombras de la última derrota.
Mientras te vas perdiendo como la tarde en calma
como la nube densa que en su fragor decrece
como la vida misma cuando se siente rota.
III
Cada paso es un sueño, cada sueño es un paso,
y entre un paso y un sueño hay poca diferencia:
el sueño es la esperanza que teje la inocencia,
el paso es la inocencia en busca de su ocaso.
El sueño nace al borde de un alma en cautiverio
el paso nace al filo de un sueño en desbandada.
Detrás de un sueño, nunca descubriremos nada.
Detrás de un paso, siempre, nos llama el cementerio.
Y aunque a veces un sueño se convierta en poema
o nos llegue en un paso la esperanza suprema,
seguiremos libando, cual abeja en su rosa.
Porque todo es posible mientras siga la vida
añorando una meta que no da por perdida
y aguardando que al alba alguien la llame hermosa.
IV
Y llegarás un día, cuando el tiempo no cuente ,
cuando ya no te busque por las lomas del sueño
cuando triste y vencido, lo que ayer fuera empeño,
se refugie en la tierra como humilde simiente.
Dejarás en mis manos un dolor floreciente,
como un ramo de luna que no tuviera dueño
y sabré que es la hora por tu aroma marceño
y esa estela de fuego que te irisa la frente.
Como una rosa exacta que abriera a la mañana,
te aguardará impaciente detrás de su ventana
un corazón que aún tiene capacidad de asombro.
Será el último acorde para esa melodía
que aún tiene por su sangre calor de mediodía
y lleva entre sus notas la Libertad al hombro.
miércoles, 13 de mayo de 2015
VERSOS PARA UNA DESPEDIDA ( en la voz del autor)
Después de tanto andar caigo en la cuenta
de que aún no sí si vengo o si regreso,
después de tanto andar, como un poseso,
sigo sin ver la causa que me alienta.
¡Cuánta razón pensé, que ahora es ceniza!
¡Cuánta opinión fundé sobre la nada!
¡Cuánta distancia sobre la quebrada
claridad de mi llama primeriza!
Vana intención la que en la vida aspira
a conseguir honores y riqueza,
el hoy no existe y el ayer empieza
en la frágil razón de una mentira.
Uno se afana en perseguir la gloria
sin saber que la gloria está vendida,
que cada logro es fruto de una herida
y que el pago se hará sin moratoria.
Nada es igual cuando la vida enseña
que hay muchas formas de entender la vida,
que en cada paso busca una salida
y que sólo el final la desempeña
Si acaso el corazón sintió ilusiones
se quedaron flotando en la andadura,
como rosas que el tiempo desfigura,
como seda guardada en los arcones.
Se marcharon volando los vencejos
que soñábamos místicos y extraños
y hoy, tatuada la piel de desengaños,
nos lloramos inéditos y viejos..
Perdido el horizonte, la mirada
se dirige a la tierra, indiferente,
y una sombra de Dios, sobre la frente,
refleja la quietud de su morada.
Con la sangre tendida suplicamos
una humilde porción de sentimiento,
que nos cabe ese químico elemento
en la alforja del alma que aún portamos.
Y vacilan las manos temblorosas
que ayer fueran modelo de firmeza,
-pobre escombro de altiva fortaleza
replegándose torpes y medrosas-.
No hay distancia mayor que el abandono
ni esencia más amarga que el olvido,
ni mayor certidumbre de lo sido
que este instante acosado por el crono.
La derrota en la piel surca infinitas
ilusiones quebradas sangre adentro,
y el invierno de tanto desencuentro
deja todas sus huellas manuscritas.
Quien puso más, quien hizo más acopio,
quien, poderoso, se sintió primero,
quien, primero llegó, siendo tercero,
quien hizo propiedad de modo impropio.
Velones nada más, cera gastada
que nunca más verá prender su llama,
luminaria de feria que se inflama
anunciando, en el éxtasis, la nada.
Cae el telón, el hombre se detiene
sin saber a qué puerta dirigirse,
busca una mano amiga a la que asirse
o se aferra, no hay más, a la que tiene.
Como una redención, la Muerte aúna
a grandes a pequeños y a medianos,
y en lenta procesión, como a vilanos,
los dirige al portón de su comuna.
Sólo, al final, la vida se parece,
nadie escapa a razón tan perentoria,
y así, el hombre, perdida la memoria,
regresa a sus orígenes y crece.
https://soundcloud.com/jer-nimo-calero-calero/versos-para-una-despedida
lunes, 27 de abril de 2015
DESVÁN
PREMIADO CON EL SÍMBOLO TAHONA
EN LA SOLANA ( C- REAL CERTAMEN LITERARIO PAN DE TRIGO AÑO 1.996
Ayer abrí el desván donde
almaceno
las pequeñas vivencias,
los recuerdos intensos :
el reloj de bolsillo de mi
padre,
las monedas de plata del
abuelo...
Lo he llamado desván y es solo
un cesto
cargado de secuencias olvidadas,
de momentos que acaso no he
vivido,
de ilusiones fugaces,
de terribles anhelos disipados
en un vuelco de sangre - de mi
sangre-...
Ayer abrí el desván
quizás buscando
un resto de tristeza entre las
fotos
que ya no son de nadie ;
un último puntal donde agarrarme
para sentir que el tiempo
aún está entre mis dedos
como una rosa abierta
roja y fresca...
A veces la tristeza es el aroma
el instante profundo
el desgarro vital de intensa
huella,
el zarpazo brutal con que
sentimos
que aún somos , que aún
estamos...
A veces la tristeza nos redime.
2
Me estoy buscando - en vano-
entre tanto recuerdo almacenado
que ya solo es recuerdo,
-la vida no perdona el desatino
-
muerto recuerdo unido a mi
memoria
por ese débil resto del
naufragio
en el que aún puedo ver mis
tatuajes...
Me estoy buscando , en vano ,
intensamente
entre el légamo gris de mi
pasado
para saber que acaso hubo un
momento
vital en mi existencia ;
para sentir que he sido
necesario
en esta comunión de magnitudes
que hacen el Universo.
Me estoy buscando
a ciegas
en lo que pude ser , en lo más
íntimo
allí donde ya solo hay
soledades,
donde anidan ausencias
que acaso fueron firmes
esperanzas...
Me quiero imaginar entre los
trazos
de aquella letra inglesa
-fruto del pescozón en los
nudillos
de mi viejo maestro -
de primeras misivas amorosas
que no fructificaron...
Me quiero descubrir entre mis
restos.
3
Estoy aquí, sintiendo
que la vida es tan solo una
secuencia
disipada en el tiempo ;
que a veces es preciso
recordarse
para dar dimensión a nuestro
instante ;
que la búsqueda es fruto del
intento
de escaparse del claustro en que
la sangre
se siente prisionera...
Estoy aquí , llenando la
distancia
de páginas vividas,
de historias incompletas,
de anhelos insaciados ,
Donde mi ayer ha muerto , nace
un tiempo
que no tiene futuro ni pasado ;
es la nueva esperanza de
redención que queda
antes de que la tierra nos exija
de nuevo su materia...
Solo tengo un desván donde
buscarme
y hoy he querido ver lo que
contiene.
viernes, 17 de abril de 2015
A MODO DE PLEGARIA
El autocar se salió de la carretera y volcó. Pudo ser una tragedia. Los jóvenes del instituto regresaban de su primera excurisón, esa en la que los padres nos quedamos con el alma en vilo. Yo, por alguna razón profesional había subido unos días antes hasta le ermita de la Virgen del Espino, en la vecina localidad de Membrilla y sabiendo lo cercano de la salida hice una súplica...
.Me apetece contarte mis miedos y mis sueños,
a modo de plegaria rayando en confidencia.
Me apetece decirte lo que siempre he callado
por miedo a que mi llanto me hiciera transparente.
He llegado a ese tiempo donde todo es posible
desde estas soledades en que el alma me habita,
En el fondo no he sido más que un pobre reflejo
de una chispa que acaso se creyó omnipotente.
No he tenido la dicha de sentir tu mirada
inundando mis venas con tu místico arrobo
no he sentido el reclamo de tu voz, ni tu llanto
ha calado en mi entraña como lluvia de agosto.
Solo aquella mañana te miré de otro modo
persiguiendo el reflejo de tus ojos de fuego
reclamando el amparo de tu esencia divina
que supera la piedra y el cincel del artista.
Te miré cara a cara, con anhelos de padre
que suplica tu amparo desde un miedo insumiso,
te pedí con la fuerza que supone el anhelo
de aguardar un regreso de primeras urgencias.
Tú estabas en tu trono recamado de estrellas
con las manos cruzadas sobre un manto de armiño,
yo llegaba a tu ermita por aquella premura
que era solo un deseo de vencer mi impotencia.
Casi por un instante vacilaron tus manos,
o quizás fue mi anhelo de sentirte cercana,
de pronto fue mi sangre volcán o catarata
y lágrimas furtivas rodaron alma abajo.
Salí de tu santuario con el alma contrita,
con la vaga tristeza de quien pide imposibles,
con la duda embargando mis rincones más íntimos
por si el denso silencio respondiera a mi súplica.
Tú eras piedra forjada sobre el sueño de un justo,
y acaso no tuvieras poderes sobrehumanos,
yo era solo un dudoso seguidor de tu nombre
que invocaba tu ayuda desde el fondo del miedo.
De pronto la tragedia salpicó nuestra casa
en voz entrecortada que anunciaba el suceso
y un instante de luto tiñó las esperanzas
de quienes soportaban ilógicos retrasos.
Pudo ser un suceso luctuoso y terrible
pero al final, ilesos, regresaron los hijos...
¿Fue tu mano piadosa la razón del milagro?
Nunca sabré decirte lo que sentí ese instante.
Sigo siendo un errado caminante del cosmos
que no encuentra la forma de agarrarse a un escollo
mis caminos no tienen horizontes precisos
y no hay luces al fondo del abismo que intuyo.
Tal vez fuera el momento de aceptar tu milagro
y albergar en mi sangre tu serena presencia,
pero he de confesarte que me asusta lo fácil
¡Y debe ser tan fácil refugiarse en tu manto!
Perseguidor de sueños, voy soñando imposibles
metáforas que alivien mi espíritu afligido
tal vez fuera lo justo volver sobre tu rostro
todo el amor que siento perdiéndose en la nada.
A modo de plegaria te he dicho lo que siento,
alguna vez las almas deben darse en palabras,
yo sé que tú me esperas como esperan las madres
a los hijos que el Mundo desterró de su abrazo.
A modo de plegaria, o acaso confidencia
-no sé porqué me atrevo si apenas te he seguido-.
Puede ser por tu rostro tan dulcemente hermoso.
Puede ser porque el cierzo me llevó hasta tu abrigo.
.Me apetece contarte mis miedos y mis sueños,
a modo de plegaria rayando en confidencia.
Me apetece decirte lo que siempre he callado
por miedo a que mi llanto me hiciera transparente.
He llegado a ese tiempo donde todo es posible
desde estas soledades en que el alma me habita,
En el fondo no he sido más que un pobre reflejo
de una chispa que acaso se creyó omnipotente.
No he tenido la dicha de sentir tu mirada
inundando mis venas con tu místico arrobo
no he sentido el reclamo de tu voz, ni tu llanto
ha calado en mi entraña como lluvia de agosto.
Solo aquella mañana te miré de otro modo
persiguiendo el reflejo de tus ojos de fuego
reclamando el amparo de tu esencia divina
que supera la piedra y el cincel del artista.
Te miré cara a cara, con anhelos de padre
que suplica tu amparo desde un miedo insumiso,
te pedí con la fuerza que supone el anhelo
de aguardar un regreso de primeras urgencias.
Tú estabas en tu trono recamado de estrellas
con las manos cruzadas sobre un manto de armiño,
yo llegaba a tu ermita por aquella premura
que era solo un deseo de vencer mi impotencia.
Casi por un instante vacilaron tus manos,
o quizás fue mi anhelo de sentirte cercana,
de pronto fue mi sangre volcán o catarata
y lágrimas furtivas rodaron alma abajo.
Salí de tu santuario con el alma contrita,
con la vaga tristeza de quien pide imposibles,
con la duda embargando mis rincones más íntimos
por si el denso silencio respondiera a mi súplica.
Tú eras piedra forjada sobre el sueño de un justo,
y acaso no tuvieras poderes sobrehumanos,
yo era solo un dudoso seguidor de tu nombre
que invocaba tu ayuda desde el fondo del miedo.
De pronto la tragedia salpicó nuestra casa
en voz entrecortada que anunciaba el suceso
y un instante de luto tiñó las esperanzas
de quienes soportaban ilógicos retrasos.
Pudo ser un suceso luctuoso y terrible
pero al final, ilesos, regresaron los hijos...
¿Fue tu mano piadosa la razón del milagro?
Nunca sabré decirte lo que sentí ese instante.
Sigo siendo un errado caminante del cosmos
que no encuentra la forma de agarrarse a un escollo
mis caminos no tienen horizontes precisos
y no hay luces al fondo del abismo que intuyo.
Tal vez fuera el momento de aceptar tu milagro
y albergar en mi sangre tu serena presencia,
pero he de confesarte que me asusta lo fácil
¡Y debe ser tan fácil refugiarse en tu manto!
Perseguidor de sueños, voy soñando imposibles
metáforas que alivien mi espíritu afligido
tal vez fuera lo justo volver sobre tu rostro
todo el amor que siento perdiéndose en la nada.
A modo de plegaria te he dicho lo que siento,
alguna vez las almas deben darse en palabras,
yo sé que tú me esperas como esperan las madres
a los hijos que el Mundo desterró de su abrazo.
A modo de plegaria, o acaso confidencia
-no sé porqué me atrevo si apenas te he seguido-.
Puede ser por tu rostro tan dulcemente hermoso.
Puede ser porque el cierzo me llevó hasta tu abrigo.
martes, 14 de abril de 2015
CUMBRE.
Si al coronar la nieve de la edad las cumbres
de mi vida,
aún me cabe esperanza, y sueños, y proyectos,
se lo debo al progreso, al bienestar social,
a la cultura,
al vecino de enfrente que me dice Acon Dios@ cada mañana
-prueba notoria de su buen deseo hacia mi
persona-,
a la igualdad de oportunidades que no ha
tenido en cuenta
que yo era primo hermano, por línea directa,
de quienes padecen síndrome de Down ,
y pariente no muy lejano - por grado de
pobreza-, de los limpiabotas,
de los vendedores de bolígrafos en los
semáforos,
de los cómicos taurinos que dan vida al
espectáculo del bombero torero...
Creer otra cosa sería necedad, arrogancia,
prepotencia...
Y yo soy tan humilde
que aún conservo en la sangre las esencias
del alma primigenia, esa
que alguien envolvió con el celofán de la
inocencia.
A mi edad,
no hace mucho, yo tendría sobre mí la
etiqueta de viejo
en forma de arrugada piel y torpes ademanes,
sin embargo, ya ves, aún sigo aquí, empezando
a sentirme vivo,
descubriendo una veta a la que asirme,
en la que descubrirme,
en la que conocerme.
(Qué intrincada es la senda por
la que camina la humanidad!
Aún nos asombramos de los vestigios
prehistóricos que van surgiendo ante nosotros.
Aquellos primeros trazos simples; aquellas
rudimentarias herramientas,
aquellas restos fosilizadas que han dejado
constancia de nuestro paso
en otros tiempos, en otras circunstancias...
Y sin embargo eran los mismos ingenios
que después pudieron volar,
o surcar el fondo de los mares
o, simplemente,
alargar la vida unos instantes.
Sólo necesitaron un poco más de tiempo,
más higiene, mejores alimentos, más
deporte... Experiencia.
La experiencia es el pedernal elevado a
metafísica,
la poesía descendiendo a lo cotidiano.
Todo es válido, complementario, unitario,
aprovechable, eterno,
nuestra cultura pasará, pero no sus
consecuencias. Y lo que venga después,
buscará en los papiros de nuestra antigüedad
la razón de sus orígenes.
Un día, uno tan sólo de nuestros días,
contiene el principio y el fin de la eternidad.
Todo el tiempo transcurre en un instante; lo
demás son reflejos,
ondas que se expanden, murallas que se elevan
sobre el tiempo fenecido.
En este instante propio he intentado la
metáfora, he perseguido la palabra,
esa que a veces casi nadie entiende. He
creído, he dudado.
Y ahora qué, me pregunto.
Ahora sé que estoy vivo, que una hora más de
vida es un avance
de la naturaleza que me va a permitir seguir
siendo.
Que debo hacer poemas
para dejar constancia de mi paso por la
caverna en la que habito,
sin otra pretensión que decir aquí estuve;
quí viví más años que la anterior generación
y por eso tuve tiempo de emborronar estas
paredes
para decirte a ti, observador remoto, cómo
era mi tiempo.
Reflejos, ondas, chispas que van y vienen,
que se cruzan, que se funden...
Eso somos: sumos sacerdotes, pontífices de la
existencia, referencias antediluvianas
sometidas a nuevas trasgresiones; inocentes
moléculas que un día
perderán sus propiedades de fusión
y volverán a sumergirse en la negrura de la
inconsciencia.
(Increíble!, diréis desde vuestra nueva percepción.
Sin saber que vosotros también sois nosotros;
que todos somos el mismo impulso en proceso
evolutivo,
en imparable instinto de supervivencia.
Qué nos mueve, cuál es el sentido de nuestros
actos, quién nos hace poetas,
o músicos, o influyentes líderes;
quién sembró en nuestros genes la
peculiaridad de nuestra conducta,
cuál es la verdad de nuestro instante...
Son, seguramente, las mismas preguntas que se hicieron los dinosaurios
si nos permitimos atribuirles pensamiento;
las mismas preguntas que, mañana, os haréis
vosotros
para
dejarlas, otra vez, grabadas en las graníticas paredes de vuestra gruta.
domingo, 5 de abril de 2015
NACÍAS EN MI MANO.
Nacías en mi mano,
palabra navegando desde Dios sabe dónde,
llegabas con efluvios de un tórrido verano,
o acaso eras el fuego que la ceniza esconde.
Venías como el viento,
de improviso en la noche, golpeando mi ventana,
yo encendía indeciso la luz de mi aposento
y entrabas sigilosa
por entre mi desgana.
Hurgabas en mi alma,
como quien abre un arca largo tiempo cerrada
y un deseo vehemente perturbaba esa calma
del que ya nada busca porque no espera nada.
Me invadía la premura
que hace que algunas cosas nos parezcan urgentes
y notaba el fermento de antigua levadura
removiendo unos cauces de agitadas corrientes.
Y escribía incansable,
sabedor de que, al cabo, yo era sólo instrumento;
que todo me llegaba desde la inmensurable
distancia que separa la vida del momento.
Lentos amaneceres,
mañanas que se abrían al sol de mis anhelos;
palabras casi mágicas colgando en las paredes
como cebos pendiendo de invisibles anzuelos.
ya no siento el temblor de los viejos inicios
y es la palabra un luto por la vida gastada
en inútiles sueños y en vanos ejercicios.
Si he de morir ahora
pido a Dios que me juzgue a través de mis dudas,
que busque en mis poemas escritos a deshora,
pues siempre mis palabras quisieron ir desnudas.
Mas si Dios no tuviera
razones tan humanas que eviten mi castigo
que me condene al fuego de su inefable hoguera
junto al montón de versos que llegarán conmigo.
Y que ruede la rueda.
Que se repita el ciclo de la palabra errante,
que nazca en nuevas manos, como si en almoneda,
alguien pusiera en venta los restos de un instante.
viernes, 20 de marzo de 2015
ECOS
Vívida
historia a raíz de una visita al cementerio local.-
|
D
|
Icen los que lo vivieron
-aunque ya van quedando pocos-,
Que aquel era un tiempo
de colores:
Rojo, como la sangre;
azul, como el cielo azul;
Verde, como los pimientos
-aunque al verde lo
marginaran porque era el color de los soñadores-.
Y dicen también quienes
saben del ayer,
Que era tan difícil ponerlos
de acuerdo
-se entiende que detrás o
delante de los colores estaban las personas-,
Que llegaron a
enfrentarse en la más tonta de las guerras: la fratricida.
En las guerras, ya se sabe:
pierden hasta los que ganan
-aunque estos, dada su
prepotencia por la victoria no se den cuenta-.
Y esta no fue una
excepción:
Familias diezmadas,
Odio entre hermanos,
Ruinas y desolación....
Todo lo imaginable y lo
que no se puede imaginar,
Ocupó el lugar que
hubiera debido ocupar la concordia.
Y fue pasando el tiempo;
tanto,
Que algunos de los que
hoy somos mayores,
No vivimos aquellos
acontecimientos.
Pero si la canción dice que
veinte años no es nada,
Habría que agregar que
setenta tampoco lo son.
Porque lejos de hacer del
olvido morada común de los despropósitos,
Nos empeñamos en
resucitar viejos fantasmas al grito de “y yo más”.
Y aunque es cierto que
aún existen diferencias en el predominio de aquellos
colores,
No es menos cierto que
algunas diferencias son insalvables.
Y es por este motivo, que
lo sensato sería hacer tabla rasa
Y comenzar, en memoria de
todos aquellos a los que les arrebataron la
juventud,
Una nueva andadura en la
que los colores, al son de una festiva danza,
Se integraran en una
armónica fusión hacia un camino de luz y de buenos
propósitos.
No sé si este
poema se me está yendo de las manos.
No quisiera darle un tono
panfletario y mucho menos ambiguo.
Y hasta es posible que
esta elegía no hubiera nacido
De no ser por mi visita
dominical al cementerio municipal:
Allí, en continuo
desamparo,
Separados del entorno
colectivo, según el mejor entender de
quien se
vio obligado a ello,
Moran los huesos, que no
las almas,
De quienes dieron -aunque
sería mejor decir perdieron- su vida
Sin la justificación de
saber por qué motivo fueron ajusticiados en el paredón
de los horrores.
Doscientos nombres
-digamos de los que representaban el color rojo-
Rescatados del más
horrible de los olvidos: el de la desmemoria,
Yacen por los siglos de
los siglos sobre el mármol renegrido de las fosas
comunes
Con las que la democracia
pretendió restañar viejas heridas.
En la misma operación
democrática, cuando ya los azules parecían recuerdo,
Y los rojos gobernaban
con la legitimidad de las urnas,
Se derribaron los
monolitos erigidos por los victoriosos, en ocasión de su victoria.
Al grito de democracia es
libertad, desaparecieron las viejas consignas,
En el lugar de los
monolitos amanecieron surtidores con palomas
Y palabras genéricas como igualdad y
pluralismo;
Se derrocó el nombre de
los generales que presidían las principales calles
Para volver a llamarlas
con sus nombres de origen.
Pero no fueron aquellas
medidas fruto del consenso.
El error de los
unos, fue pensar que la vida de los
otros carecía de valor;
Pero el error
de los otros, fue el mismo que el de los unos.
Para ambos las muertes
eran el salvoconducto de las ideas,
Sin pararse a pensar
Que si para que
prevalezcan las ideas es necesaria la muerte,
Es porque que las ideas
están afectadas de filoxera.
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