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miércoles, 15 de febrero de 2017

CONFLICTO DE INTERESES.

No sé si la raza humana es la única en la que el cuerpo siempre está en conflicto con la vida. Creo que sí. Y creo que, tal vez por ello, somos la única especie que ha evolucionado y seguirá evolucionando hasta cotas impensables.

Acabamos de inventar el taxi aéreo, un derivado de los drones que pronto surcará los cielos creando una segunda zona de rodadura sobre los pavimentos de las ciudades.  Y según vayamos avanzando en ese conflicto cuerpo/vida seguiremos descubriendo tantas mejoras como sean necesarias  para alcanzar esa plenitud intrínseca a nuestros genes.

Visto así, y al parecer demostrado que el ser humano supera todas las adversidades, tendríamos que empezar por desterrar a todos los visionarios que en el mundo han sido y que han anunciado plagas y finales apocalípticos, en la seguridad de que si bien es cierto que la humanidad está constantemente amenazada, también es cierto que en cada momento se encuentra el antídoto que pone freno a la desesperanza. Pero esta aseveración, si me permiten, sólo es una licencia, pues otros visionarios ha habido que adelantándose a su tiempo, pronosticaron viajes espaciales o inventaron artilugios para volar que sirvieron como  prototipos a los actuales. Es decir, todo lo que la mente humana imagine, bueno o malo,  puede ocurrir, pero de la misma manera se pondrán en marcha los elementos necesarios para contrarrestar las adversidades.

Lo malo de esta civilización que tantas cosas buenas se ha procurado es que no es equitativa. El “san para mí, que los santos no comen”, es una expresión de alcance para entender que nuestra individualidad es tan poderosa que nos supera y puede que sea esta la razón de que sobre esta tierra capaz de autoabastecernos, existan  desigualdades tan evidentes como las que cada día se nos manifiestan.

Claro que aquí entran en juego factores que escapan al raciocinio, al menos a ese raciocinio común con el que la equidad sería posible. Sí, porque cuando los seres humanos fueron conscientes de su poder surgieron las diferencias, las fronteras, las usurpaciones territoriales, las guerras por el control de la energía… Surgió la ambición, que tiene tanto de humano que nadie puede sustraerse a su influjo
Dejar el poder en manos de una sola persona es una Tramp-a. Pero es la asignatura pendiente de la humanidad. Y lo es por lo que decía al principio de este comentario: el cuerpo humano siempre estará en conflicto con la vida. Para evitar este conflicto sólo nos haría falta una dosis de humildad, pero también está comprobado que con humildad no se llega a ninguna parte. Puede que al cielo, si tomamos en cuenta las Bienaventuranzas . ¿Pero habrá cielo…?


¿Sobre qué puedo escribir? me preguntaba al iniciar este comentario. Y me he dejado llevar hasta este punto. Son sencillas pinceladas sobre las que habría que entrar más a fondo y a las que le caben todos los retoques que se os puedan ocurrir. Como a la vida misma…

sábado, 27 de diciembre de 2014

OTRA FORMA DE EXPLOTACIÓN.

Este es un viejo escrito (siglo pasado). ¿Pero es tan viejo?

Es una foto en portada; en ella, un niño, con esa cara que da el bienestar social que España parece haber conseguido, asoma sus pícaros ojos y su sonrisa de celuloide a un público al que, no cabe duda, va a conquistar con su aspecto.  En el interior de la revista, un reportaje a todo color, completa la colección de niños de idéntica pose. Porque poses son, en definitiva, las que hacen que un niño normal resulte más avispado, más simpático, más listo, más ocurrente que todos los que le siguen en las teleseries tan de moda en nuestras cadenas de televisión. Poses y guión. Y horas de ensayo para que lo ensayado parezca natural. Y explotación. Solo que esta explotación no clama al cielo como la de los niños que en países tan subdesarrollados como lo era España hace cuarenta años, trabajan el campo o la mina, o cambian su hambre por los empleos más denigrantes -que tratándose de niños lo son todos- sin saber que en ese mismo mundo que ellos habitan hay niños de cuento o de película a los que, probablemente, nunca podrán imitar.

La misma sociedad, que con toda razón, condena la explotación de esos pequeños cuerpos encorvados hacia el surco, mira complacido desde las butacas de su confort, esas angelicales sonrisas, o esas voces prodigiosas que ya sueñan con ocupar un puesto en el escaparate de los   elegidos.

Es posible que, más que una explotación, esto sea un privilegio para el niño que puede llegar a conseguir superar la difícil prueba ( casting creo que dicen ahora) a la que será sometido para conseguir su papel, y que  la utilización de su imagen sea  una necesidad de la sociedad que nos mueve. Lo que es evidente es que desde aquella inolvidable película que uno recuerda como de las primeras que vio en su vida y en la que un niño prodigio (que lo luego no llegó a destacar demasiado porque los niños prodigio, cuando dejan de ser niños ya no son prodigio) daba vida en " Marcelino Pan y Vino", a un niño pobre y angelical, pasando por todas las niñas y niños prodigio que han sido ( Joselito, Marisol, Rocío Durcal, etc.) hasta los que en nuestros días copan anuncios y series interminables, los niños han sido un producto que vende bien y del que se han sacado pingües beneficios. No estoy tan seguro de que los propios niños hayan salido beneficiados a lo largo de su vida, y ejemplos hay de que no ha sido así; que el dinero fácil , la vanidad, o el reconocimiento conseguido a una edad en la que no es fácil asumir tales logros, han perjudicado el desarrollo de una personalidad coherente y equilibrada.


Es frecuente ver a adolescentes de las series actuales ( encuadrados en familias modernas y generalmente divorciadas), con unas elevadas cotas de protagonismo que parece dirigido a que las familias que ven tales series, reciban una educación tan amanerada y fuera de lugar como la que los guionistas pretenden vendernos como estereotipos de familias al uso. Yo creo
que se exceden quienes consideran normal que unos jóvenes manipulados por exigencias de un guión generalmente circunstancial, sirvan de ejemplo a los jóvenes de su generación desde unos planteamientos sociales que, pareciendo frescos y espontáneos, no hacen sino encajar como piezas de un rompecabezas en los fines que pretenden los productores, que no es otro que hacer atractivo el producto para conseguir cotas de audiencia millonarias. Que se alcancen esas metas no siempre demuestra que ese es el camino para conseguir una sociedad moderna y libre de prejuicios. Más bien pienso que es una solapada manera de la que se vale la voraz sociedad de consumo, para introducir marcas, modos y actitudes encaminadas a conseguir los únicos propósitos que a esta sociedad interesan.

Es cierto que no desdicen mucho los comportamientos de los jóvenes peliculeros con los  de nuestros propios hijos y que tal vez los padres estamos fuera de esa órbita en la que ellos se mueven. Pero es indudable que estas series ayudan a afianzar unas posturas - no siempre aleccionadoras- contra las que nadie levanta la voz.

De manera que nos encontramos con una explotación en cadena al más genuino modo americano ( no en vano de allí parten las más avanzadas técnicas de conquista de mercados, que son en definitiva una nueva manera de ganar las guerras aunque éstas sean solamente económicas) que consiste en utilizar el subterfugio para enmarañar el único móvil que mueve el mundo actual: La avaricia.

Supongo que éste, será un artículo decadente a estas alturas de milenio: que como casi siempre pasará inadvertido para quienes tienen en sus manos el poder de la manipulación - que no es mal poder-; que la utilización de niños para estos menesteres está regulada por una ley de protección al menor que tratará de evitar los abusos y excesos.

Son las lagunas, lo no escrito, lo consumado subconscientemente, lo que preocupa a este humilde colaborador de una humilde revista de pueblo. El peligro está en el lazo, en la trampa sutil y golosa que hace caer al mastodonte.

A lo mejor, mentalizarse,  es cuestión de tiempo

lunes, 17 de noviembre de 2014

ATRAPADOS

ATRAPADOS.-


Es esa sensación de no saber si el avance es retroceso; es el miedo a tantos fantasmas como amenazan la supervivencia; es la inseguridad ante el día por venir, no ya el futuro, sino el mañana que puede despertarnos con la noticia del despido de otros trescientos trabajadores de una de las fábricas de nuestro polígono industrial; es la desilusión que crece por momentos, ante tanta palabra vana, ante tanta retórica aprendida, ante una sociedad que no se sostiene por más que se refuercen sus descarnados pilares; es el incierto legado que dejaremos a las generaciones que nos siguen, que ya están sufriendo en sus propias carnes el paro, la incertidumbre, la angustia; es la impotencia ante la limitación a los recursos humanos: agricultores, pequeños comerciantes, artesanos, autónomos de todas las ramas de la industria que se sienten amenazados , incapaces de seguir manteniendo su medio de vida, sus pocos empleados, sus tierras improductivas por más que con la P.A.C. se les pague bien hoy el hambre de mañana; es la imprudente manera de manipular un dinero fruto del esfuerzo de cada ciudadano en obras faraónicas que no verán los siglos; es, tal vez, la edad que se resiente del tiempo transcurrido.

A esto lo llamamos crisis y se barajan fechas para el nuevo despegue: dos, tres años, incluso menos. Optimistas que somos, o quizás son ánimos hechos con la premeditación de la necesidad. No podemos pararnos, al menos los que aún no estamos parados. Debemos seguir contribuyendo a que el caos no asome su horrible anatomía por estas latitudes. Si solo fuera eso..
.
Porque esto sería la solución a un problema de forma; pero el problema es de fondo. La sociedad de consumo está siendo derrotada por sus propios métodos. ¿Quien podía pensar hace pocos años en el desmantelamiento de la U.R.S.S., una nación pionera en armamento, en conquistas espaciales, en logros, -al menos eso parecía por sus deportistas, sus músicos, sus bailarines- sociales que habían desmitificado el mito? ¿Quien puede asegurarnos que la vieja Europa o la nueva América, no serán engullidas en esa enorme rueda del consumo que , cual bola de nieve, va creciendo incesante hasta hacer imposible su control?

He dicho anteriormente que el problema es de fondo. Y para solucionar tal problema  no sirven los números, ni los porcentajes, ni las estadísticas. Tal vez ha llegado el momento de hacer al hombre nuevo- quiero decir mujer: mujer y hombre-; tal vez  es la ocasión de apostar por la vida; de encontrar el significado de nuestro paso por la tierra, que no debe ser por cierto el de engañarnos unos a otros; el de considerarnos más si más tenemos; ni el deseo de poder o de dominio, ni el ansia incontrolada de placeres fugaces. Porque si esta fuera nuestra misión, no moriríamos nunca y nuestra eternidad  terrenal daría sentido a nuestras apetencias.

Nuestro paso por esta tierra es efímero, no así el resultado del mismo, que servirá de guía para quienes nos preceden. Imaginad un campo: Primero hay que labrarlo,  prepararlo a conciencia, limpiarlo de malas hierbas, abonarlo. cuidarlo por encima de nuestro propio cuidado - y sé de lo que hablo- . Solo entonces , si es buena la semilla, la tierra dará frutos. Esto que es tan sencillo, que no lo he inventado yo, como es sabido, debería servirnos de buena referencia .

Y nadie se confunda. Estoy hablando de progreso, de cultura, de bienestar, de  felicidad. Nuestros avances han reducido la dimensión del Mundo, Vamos a aprovecharnos de lo bueno alcanzado. Igual que se homologan los productos que crea el hombre, vamos a homologar necesidades. Lo que sobra se pierde o se destruye. Vamos a producir con nuestras manos, a construir con nuestras manos, más despacio quizás, pero seguros de que la vida entonces será más placentera.

¿Utopia, Quimera, Ingenuidad?. Ya sé que eso parece. Ninguno de los que hoy leamos esto, estaremos para contarlo. Pero en algún lugar del espacio, o en algún instante del tiempo, alguien habrá sido capaz de conseguirlo.

lunes, 10 de noviembre de 2014

PAISAJE URBANO.

Paisaje urbano.-(Vieja colaboración en una revista de feria).

Cada día es más difícil desarrollar una reflexión sobre las excelencias de los pueblos, pues no de otro modo se pueden afrontar las colaboraciones feriales, por quienes no estamos dotados para la Historia, que hablar de una manera bucólica de aquello que en nosotros ha dejado huella.

Ya no quedan, o pocos, patios comunales presididos por la frondosa parra de uvas de "tetavaca" , bajo la cuál, los vecinos remoloneaban a la hora de la siesta. Ya no hay galeras o carros de lanza acarreando las mieses o las uvas, tirados por el paso cansino de las mulas. Ya no quedan lugares recoletos en los que dar furtivos besos a los que, sin género de dudas, serían la madre o el padre de nuestros hijos. Ya no hay relojes que desgranen aquellas campanadas salidas del misterio de precisos entronques que anunciaban la hora mágica del encuentro. Ya no hay nada que recuerde el paso de una época, la nuestra, en el asfalto gris de un tiempo que ya no es tan nuestro.

Así las cosas, uno, que agradece que se acuerden de él y que quisiera evocar aquella parte de su vida que ya no reconoce en las nuevas formas, siente la impotencia de no saber, si no es echando mano del poco oficio que ha adquirido a través de innúmeros intentos, cómo salir airoso del trance.

Volver la vista atrás, supone desandar lo andando, recrearse en lo irreal, confundir el camino. Y a nadie interesa ya lo trasnochado, lo etéreo, lo improbable.

El mundo sigue andando. Tal vez su paso es hoy más ligero, más espontáneo. Ya no se precisa  de lugares aislados para dar un achuchón, o más, a la persona, que por supuesto, no será la madre o el padre futuro con el que ha de cimentar sus ilusiones y proyectos. Ya todo es común, masificado, provocador a veces, para quienes hemos superado la barrera de los años que nos hicieron como somos. .

Pero tanto camino andado no se puede resumir en un artículo de circunstancias. Haría falta más espacio, más detenimiento, menos frivolidad. Porque es nuestra vida la que desgranaríamos en ese rosario de anécdotas, de vivencias, de recuerdos. Y, probablemente tendrían razón quienes dijeran ¿Pero qué cuenta este ahora? Porque, ahora, también ocurren cosas dignas de contar. Y el paisaje urbano también goza de encanto. Ahora, sólo podemos detenernos quienes ya miramos más hacia atrás que hacia delante. Quienes viven, quienes proyectan, lo harán desde una moto a todo escape que también, pasado el tiempo,  arrinconarán en su memoria, o desde esas salas de internautas en las que se navega  en busca de lo imprevisible, o desde el grafiti sugerente de las vallas de los solares.

Los pueblos, como todo lo que tiene vida propia, cambian su fisonomía, sus ropajes, sus colores. Y uno no puede reconocerse en lo que ya no es. Ahora son otros los que deben contarlo. Con distintas palabras, con distintas imágenes. Lo importante es seguir. Y, a fin de cuentas, sólo cambian las formas.

miércoles, 5 de noviembre de 2014

ÍDOLOS

ÍDOLOS.-

 Manzanares, como todos los rincones de España, por pequeños que fueran y apartados que estuvieran fue un clamor durante el campeonato  mundial de fútbol desarrollado en Sudáfrica. Lo que parecía imposible a juzgar por el inicio con  Suiza se convirtió en probable con Honduras, Chile, Portugal, Paraguay, Alemania (el mejor partido en cuanto a juego limpio y, finalmente Países Bajos, caracterizado por el juego sucio de esta selección, motivado tal vez por la inutilidad de sus esfuerzos para ganar un partido que España supo jugar con inteligencia como todos los anteriores.
Nunca el flamear de banderas fue tan esplendoroso: Balcones, coches, motos, bicicletas, cualquier lugar era bueno para dejar mostrar con orgullo nuestra identidad de españoles.
Lo que otrora fuera considerado como una manifestación fascista  y eludido por los representantes de las fuerzas llamadas progresistas para no ser confundidos con los contrarios, fue en esta ocasión, por generación espontánea, una muestra de solidaridad entre quienes sentían los colores de la selección como propios (entendemos que no todos los que hicieron flamear sus banderas y aún las mantienen en coches y balcones  serían  fachas).

¿Y ahora qué? Cabe preguntarse una vez pasada la euforia. Pues ahora, mientras dure la crecida de estas aguas inconstantes por las que el deporte navega, homenajes y más homenajes a los triunfadores: Nominación de calles y pabellones deportivos en sus respectivos lugares de origen, títulos honoríficos como el que dejó caer el presidente Barreda refiriéndose a Iniesta a quien llamó Príncipe de la Mancha, salidas en la prensa rosa, reconocimientos a todos los niveles (no duden que serán los próximos Príncipe de Asturias al Deporte), y dinero, ríos de dinero por publicidad, reportajes, entrevistas, besos a la novia y todas aquellas veleidades que, quien puede, sea capaz de pagar. Amén de los seiscientos mil euros –no sé si esta cifra será correcta-, que se embolsaría cada jugador si conseguían ganar la competición.

No se trata de minimizar una labor a todas luces excelente de este grupo de esforzados  que dieron lo mejor de sí mismos,  pero sí de matizar las consecuencias de su logro, la exaltación que nos ha dominado no ha tenido parangón en la historia reciente de España y los deportistas han sido elevados al sublime pedestal de los ídolos, algo que hubiera desbaratado un mal bote del balón, un penalty mal pitado o la simple mala suerte que los perdedores han podido considerar que tuvieron.
Si miráramos con detenimiento las consecuencias  de esta idolatría , caeríamos en la cuenta de lo nefasta que puede resultar para quienes se deben esforzar día a día para llevar un salario más o menos digno a su casa , o para aquellos que tienen que salvar trabas y más trabas para conseguir un puesto de trabajo, o para quienes tienen que superar unos estudios largos y tediosos para conseguir  una licenciatura que no les garantiza un trabajo adecuado a sus conocimientos, o para quienes llegan a final de mes gracias al subsidio del paro y no ven horizontes de que esto acabe de otra manera..

¿Agorero?, no creo, simplemente objetivo. Todo tiene un análisis y a veces lo bueno puede tener consecuencias negativas como lo malo las puede tener positivas (de lo malo se aprende). ¿Qué nos mueve a tomar las plazas, a  bañarnos en las fuentes públicas, a escandalizar como posesos, a sentirnos únicos? ¿Es la victoria o es la simple necesidad de salirnos de esa rutina que nos marca, de esas limitaciones que nos anulan, de esos deseos que no podemos satisfacer?

Todo está  bien, pero en su justa medida.. Los jugadores de élite están superpagados, supermimados y supervalorados, por realizar su trabajo con la misma dedicación con la que lo hace un maestro ante una clase de jóvenes díscolos, o un médico en su consulta, o un minero en su mina. A lo mejor hay algo que se me escapa, porque el fútbol levanta pasiones y el resto de las ocupaciones sólo levantan el personal estímulo de la labor bien hecha. A lo mejor a los jugadores se les paga porque nos entusiasmen con su juego, porque nos hagan olvidar que después del partido del domingo tenemos que coger la escoba, o el metro –incluido el de medir-, o tenemos que subirnos a un andamio. A lo mejor la vida es un continuo juego y son ellos los únicos que saben jugarlo.


Hemos tardado muchos años en poder. Ahora nos hemos dado cuenta de que podemos. Ojalá este convencimiento nos sirva  para superar todas las dificultades que como país europeo estamos teniendo en los últimos años; ojalá nos imaginemos como componentes de una selección en la que debemos colaborar dando lo mejor que hay en nosotros. Podemos. Cada uno, desde su parcela, puede mejorar lo que hace. No es suficiente  con tener una selección vencedora. Tenemos que formar parte de esa selección.

viernes, 24 de octubre de 2014

DEPENDENCIAS.

Escribí este articulo hace muchos años, a raíz de una manifestación contra la droga. Por desgracia, su contenido es tan vigente como el día de su publicación.

Leo en Canfali, que la manifestación contra la droga celebrada en Manzanares el día 3 de Enero, no contó con el suficiente apoyo, pues en una ciudad de 18.000 habitantes, no sobrepasarían los 200 el número de participantes. Se lamenta la asociación convocante de la escasa participación y busca el comentarista disculpas en el frío reinante y en las fiestas recientes.

Yo, aún a riesgo de que mi exposición no sea del agrado de muchos, me voy a permitir opinar de un tema tan delicado y candente.

Para empezar, habría que definir lo que es dependencia: Dependencia es aquello a lo que un ser humano se aferra de manera que pueda atentar contra su salud, bien sea síquica o físicamente. Podrían ser dependencias: drogas, sexo, juego, alcohol, tabaco- estas entre las perniciosas, que dependencias hay en todos los órdenes de la vida aunque aparentemente no perjudiquen - y todas aquellas actividades que excedan del uso para llegar al abuso. La dependencia puede estar motivada por unas circunstancias adversas o por una permisividad excesiva; creo que es esta última causa la que puede afectar a la población de mayor riesgo que es la adolescente en una localidad aparentemente tranquila como es la nuestra.

Decir a estas alturas que nuestros hijos han conseguido unas cotas de libertad que excesivas a todas luces. es poco menos que atentar contra una sociedad que ha impuesto una serie de modos para moverse en ella: desde la proliferación de bares-disco-garitos, legalmente establecidos, hasta las intempestivas horas de cierre legalmente autorizadas.

Es moneda de uso corriente que los padres pasen la noche en vela hasta que el niño o la niña, cierran la puerta con el sigilo de un puma cuando va de cacería; solo que en este caso el sigilo es al regreso. Y claro, para evitar comentarios desabridos, y enfrentamientos que no conducirían sino al desarraigo familiar, el padre o la madre, o ambos, tranquilos ya de que otra noche más no haya sucedido nada, se arrellanan en su almohada y consiguen, por fin, conciliar el sueño. A la mañana siguiente, los hijos, que no tienen otra ocupación que levantarse a mesa puesta, dormirán a pierna suelta, indiferentes al mundo que se mueve a su alrededor y que les parece ajeno.

Es esta una cruda estampa que, mirada detenidamente, produce escalofrío; pero que vista desde la cotidianidad toma visos de normalidad. Pero la pregunta es :¿es de verdad normal que nuestros hijos pasen por esta limitación de horizontes sin que se pueda hacer nada por remediarlo?

Y llegados a este punto, alguien se preguntará ¿Tiene esto algo que ver con la droga? ¿son acaso culpables los establecimientos de juventud del tráfico y consumo de estupefacientes? Es de suponer que no. Y preguntados a este respecto ni unos ni otros se sentirán responsables de este tráfico. Pero es evidente que en esas muchas horas de tiempo libre en las que la nocturnidad y el aislamiento son propicios, se mueven los peones de este ajedrez en el que nunca se puede dar jaque al rey. Indudablemente son actividades distintas, pero paralelas; las unas se mueven al ritmo de las otras. Y es cierto que, por desgracia, la droga se puede encontrar a plena luz del día de la misma manera que se encuentra el tabaco y el alcohol; pero es en la clandestinidad donde se produce el mayor comercio y consume.

¿Qué hacer? Sería la pregunta del millón. La respuesta no es fácil; pero, a mi modo de ver, no pasa por las manifestaciones. Es, no cabe duda, un camino, pero quienes van a las manifestaciones son los que no la consumen: padres, amigos de los padres, autoridades, organizaciones anti-droga. ¿Y qué? Para encontrar solución a este mal, hace falta una voluntad individual. Si el propio afectado no se lo plantea, es difícil -por muchas lamentaciones que se produzcan desde la buena fe del que no consume- conseguir algo positivo.
La droga es, en principio, un aliciente que cuenta con el morbo de lo prohibido; con la leyenda de la rebeldía y con el bamboleo de la personalidad. Quienes han caído en esta trampa saben que es cierto. Pero también es cierto en esas otras drogas menos perseguidas aunque no menos dañinas. Uno recuerda el primer cigarrillo, o el primer vino, casi siempre al hilo de alguna apuesta, o del temor a ser catalogados como flojos en esos primeros escarceos en los que no existen referencias. Ni que decir tiene, que la mayoría de la gente que fuma o bebe, darían cualquier cosa por evitarlo. Particularmente cuando se le ven las orejas al lobo; es decir, cuando el médico diagnostica una cirrosis hepática o un cáncer de pulmón en avanzado estado de conquista ( metástasis es la bella palabra que parece definir esta parte terminal del proceso cancerígeno).

Pero curiosamente, estas enfermedades se consideran como normales en una sociedad que acepta como normales las drogas que las causan. Esto, que no mejora ni empeora la situación de quienes tienen estos hábitos, tiene, a mi modo de ver, sutiles diferencias:
1º Nadie que consuma tabaco o alcohol es considerado como drogadicto; para denominar esta dependencia se utiliza el eufemismo de "enfermos".
2º Nadie tiene que robar o matar para conseguir estos productos que al estar debidamente legalizados se encuentran con facilidad y a precios razonables.
3º La sociedad instrumenta las medidas necesarias para intentar curar a quienes fruto del abuso de estos productos contraen enfermedades irremediables.
4º Es considerable el número de personas que al comprobar que la dependencia de estos productos es nociva, lo dejan por propia voluntad.
Decir después de estas comparaciones que la solución pasaría por legalizar las drogas junto a una serie de medidas paralelas sería temerario; pero si nos paramos a meditar, surgen las siguientes preguntas:
¿Acaso se reduce el consumo en la ilegalidad?
¿Sirven de algo las medidas disuasorias?
¿No es cierto que la adulteración es la que más muertes causa?
¿No es cierto que la adulteración es fruto del comercio ilegal?
¿No está la delincuencia, en su mayor parte, motivada por la necesidad de dinero para conseguir la droga?
¿No entran por una puerta y salen por otra quienes, -hábiles y avisados- nunca tendrán en su poder más droga de la que consideren perjudicial para su posible condena, dejando a buen recaudo la restante?
Son reflexiones, estas, que dejan un gran escozor en el estómago; porque uno, tiene en la memoria a esa última víctima conocida y relee sus declaraciones en boca de su madre. Son tristemente graves los estragos que la droga produce en las familias; pero son igualmente tristes los estragos que produce la velocidad, el deporte, la vida en suma, por la que todos nos movemos incapaces de aceptar las normales limitaciones impuestas al ser humano.

Solo nos queda reflexionar y tomar las medidas conducentes a corregir los desequilibrios de una sociedad en franco deterioro; pero, consecuentes con esa libertad, con esa permisividad, con esa falta de diálogo que se ha impuesto en los hogares, bien haríamos en ser los primeros en aplicarnos el remedio

domingo, 6 de julio de 2014

EL EURO Y LA CHATARRA.



Cuando los que nacimos con la peseta, teníamos ciento sesenta y seis de esas hermosa rubias en el bolsillo, podíamos pensar que teníamos un capital. Por poner un ejemplo, mi primer salario, después de todo un mes haciendo las labores de un aprendiz en un comercio de tejidos eran todas:  desde limpiar el retrete a encender la caldera de la calefacción con carbón de bola o de restos  que después de un concienzudo acribado en el que salías más negro que el mismo carbón, servían para calentar el comercio unos días más mientras llegaba la nueva carga (más bien sería descarga por aquella lumbrera que daba a la carbonera); desde limpiar los cristales a barrer el suelo de madera con aserrín, desde ir a recoger la cesta de la compra, a lavar el coche del jefe ( que digo yo que qué tendría que ver todo eso con el oficio de dependiente o vendedor); mi primer sueldo, digo, fue de doscientas cincuenta pesetas, allá por el año mil novecientos sesenta (tampoco hace tanto) y cuando lo cobré me sentí digno. Ya podía comprarle a la novia un pequeño regalo, invitarla al cine o a tomar unas gambas con gabardina en el bar Avenida. Ya no tenía que depender de lo que me diera mi madre que era más bien poco,  y aportaba a la causa común de la familia una ayuda que aunque pequeña, paliaba la escasez que de casi todo teníamos los pobres de la época. Y llamo pobres a quienes realmente nunca creyeron que lo fueran porque entonces el agravio comparativo no se llevaba y ni los ricos parecían más ricos que los pobres.

Después, y siempre motivada por una evolución social que no siempre lo es, la peseta fue decreciendo en valor al tiempo que las cosas iban subiendo de precio que, no sé por qué, siempre lo hacían más deprisa que los salarios. Pero aun así, la peseta daba un desí que no veas (aquí, aunque el corrector me subraya en rojo desí, lo que yo quiero es decir desí  y  no de sí, que ya se sabe que era un estiramiento de la ropa que empezaba por estarte ajustada y terminaba por valerle a tu hermano cinco tallas mayor) y eran de papel  y un fajo de billetes de  peseta te hacían sentirte importante. Después, con la evolución que digo, se convirtió en calderilla, aunque realmente la calderilla eran los céntimos, la perra gorda ( o patacón que llamábamos en mi pueblo, los dos realillos  que engarzábamos por el agujero de la moneda y hacíamos ristras que eran una hermosura con las que comprábamos unas hermosas bolas de cristal o de cerámica de vistosos colores que luego nos jugábamos al Frendy ( que era un juego que consistía en pintar un triángulo en el suelo en el que se metían las bolas de los apostantes para que desde una distancia determinada, los jugadores tiraran con una de sus bolas no apostada y sacaran las depositadas en el triángulo que a veces podían ser cuatro o cinco, según el tino dl tirador y que iban engrosando nuestro capital en bolas…)

Pero yo no quería hablaros de juegos ( aunque no está nada mal comparar nuestra manera de divertirnos de niños, con la insulsa manera de divertirse los actuales infantes, a base de maquinitas virtuales que los aíslan totalmente –se me iba la mano y había puesto tontamente, qué cosas-)no, yo quería hablaros de la peseta y del euro y dejar constancia de por qué prefiero la peseta. Pues la prefiero, porque además de lo dicho era la tradicional moneda española (que no sé por qué no podría convivir con el euro); era nuestra moneda, la que nos identificaba aunque comparada con las restantes monedas europeas pareciera ridícula.

Sin embargo, el euro, que ahora nos ha igualado a nuestros vecinos (solamente en la moneda que utilizamos, no lo olvidemos) y hasta puede que nos haya hecho sentirnos más europeos, es una moneda traidora, engañosa, falsa, que nos crea la ilusión de comprar barato lo que realmente cuesta a precio de oro. “Tres euros, decimos, no es cara” y nos olvidamos de que son quinientas pesetas de las de vellón que eran una fortuna. Y si se fragmenta en esas monedillas de cobre  o latonadas que se suelen llamar chatarra, ya es que ni te cuento; a nadie se nos ocurre pensar que diez céntimos son dieciséis pesetas. Los diez céntimos de hoy son la limosna que ni el pobre  quiere, entre otras cosas porque ya se ha devaluado bastante en función a los precios que tiene todo; o la que nuestros hijos tampoco quieren porque es insignificante para comprar alguna chuche o algún juguetito por simple que sea,  que ya ni los chinos venden a un “eulo”…

En fin, que el euro nos ha empobrecido, que hemos caído en la trampa de los grandes capitales, de las multinacionales, de los depredadores que entienden de economía y van a por todas. Para ellos es el euro. Los demás sólo tenemos chatarra…


sábado, 28 de junio de 2014

EFECTO CONTRARIO

CAUSA  Y  EFECTO.

Todo movimiento  o acción, tiene su efecto contrario o distinto a la causa que, en principio, lo originó: lo que sube, baja; lo que acerca, aleja; lo que se infla puede estallar; lo que calienta quema;  la claridad provoca daños oculares; la confianza, mata; el exceso, daña. Y así, podríamos seguir agregando los ejemplos que a cada uno se le ocurran. Dependerá del método y de las circunstancias: (intensidad,  intención, pretensión,  dosis a aplicar, etc.), que el efecto conseguido sea el que nosotros queremos y no el que dé al traste con nuestros propósitos.
Y hecha esta introducción, un tanto aleatoria, pero fácil de entender, voy a lo que pretendo (si lo que pretendo, soy capaz de sintetizarlo en este comentario):

Por sentido común (que no es ninguno de los sentidos que el cuerpo posee, pero que tal vez sea el mejor de los sentidos), deberían  darse cuenta nuestros gobernantes de que las medidas que se aplican por decreto, o haciendo tabla rasa con lo establecido o con lo que hasta el momento del cambio,  era norma, no son siempre las más idóneas, o no repercuten de igual manera en todo el mundo: 

El matrimonio homosexual, o la ley del aborto, por ejemplo, o la eutanasia si llegara a legalizarse alguna vez (a cosas peores se les da cabida en la legislación), son  medidas que, en su día, y siempre, por causas morales,  tendrán detractores,  pero se consideraron  necesarias (también por causas morales), para  un sector de población que  precisaba de ellas, aunque quienes no opinaban así, las pudieran tachar de inmorales o improcedentes.  ¿Son buenas?, ¿son malas? Son medidas simplemente. Que, por la teoría  que aplicábamos en nuestra introducción,  tendrán sus inconvenientes, pero que  en nada atentan contra quienes  no quieran ponerlas en práctica y facilitan la situación  legal  de quienes se acogen a ellas. Otra cosa sería la interpretación moral, o de doble moral,  o incluso hipócrita, con la que pudieran entenderse determinadas leyes. Pero creo que una de las premisas del legislador, si de verdad quiere establecer las leyes desde el rigor y la justicia, debe ser la de legislar para todos (los que los votan y los que no los votan) de acuerdo con los tiempos en que se vive. Creo que el legislador no cumple su misión si a la hora de legislar, sólo piensa en sus votantes o en los que tienen su misma ideología, porque en democracia, o mejor dicho, la democracia,  es intentar que la soberanía popular, representada en el parlamento por los distintos partidos políticos elegidos mediante sufragio , no se sienta marginada, excluida , desprotegida, o ignorada por quienes tienen la obligación moral, social y política de representarla y protegerla  Nadie como digo está obligado a abortar, pongo por ejemplo,  o a poner en práctica medidas que no le satisfagan,  por mucho que las leyes faciliten la labor a quien lo considere vital, o simplemente necesario. La vida es sagrada, por supuesto. Pero siempre. No se puede considerar sagrada la vida del no nato, que lo es, aunque algunas  circunstancias - a las que aquí no nos vamos a referir por estar ya valoradas-,  consideren inviable el nacimiento,  y mandar a los jóvenes a morir o a matar en aras de unos intereses  patrios. O empujar a la gente al suicidio porque su situación económica es insostenible. O dejar que la hambruna mate a miles de niños en países subdesarrollados. ¿Demagogia? Es posible. ¿Pero qué no es demagogia?

La convivencia es un ejerció de educación, de inteligencia, de tolerancia. ¿Cómo podrían convivir si no, creyentes y no creyentes;  conservadores y progresistas, blancos y negros, altos  y bajos, listos y menos listos, aficionados a los toros y detractores de los toros…?

Todos debemos ceder un punto en nuestros criterios en aras del bienestar común. Ya sé que es difícil; que si después de tantos siglos no se ha conseguido una convivencia pacífica entre todos los seres que habitamos este planeta será porque no es fácil. Pero esa es la tarea del hombre actual, en un mundo complejo en el que  los criterios están fundamentados en nuestro personal entendimiento por encima de credos y consignas: conseguir que la vida  pueda desarrollarse armónicamente en función a lo que cada cual decida dentro de un marco de posibilidades establecidas por ley.


Corto aquí. Sé que es un artículo correoso y polémico (sobre todo, por la materia que trata y por la radicalidad con la que se suelen afrontar estas cuestiones). Y que me atrevo a opinar de algo sobre lo que es difícil sentar bases. Pero qué quieren. Si estas meditaciones no se las cuento a ustedes ¿a quién se las cuento? Consideren que estamos en una apacible tertulia y que la conversación es larga…

martes, 3 de junio de 2014

CARTAS A UN HABITANTE DEL SIGLO XXI (Luna de Octubre)

Como podréis observar por el  nombre de los que se citan, este escrito es, como poco, de hace veinticinco años. Lo triste es que su argumentario siga estando en vigencia. Pero lo más triste es que seguirá estándolo a través de los tiempos...



Anoche, como tantas, hice un recorrido por los distintos canales de televisión -síntoma de evolución e inconformismo- para caer en un debate de Antena 3, moderado por Jesús Hermida, en el que se hablaba de la droga que consume a nuestros jóvenes y de las razones, más bien suposiciones, para     
caer en este fango aniquilador. 

Entre los contertulio-famosos licenciados en todo-se analizaban los mil y un porqués que llevan a nuestros hijos a amar la noche.Se cuestionaba  la permisividad de unos padres que han perdido su autoridad; se culpaba a la sociedad que hemos creado para salir de las cavernas, de todos los males que acechan tras de las luces de neón; el académico Cela ponía a parir a la Universidad, mientras el catedrático Pérez Royo la magnificaba; un psicólogo loco, como todo buen psicólogo, hablaba de niños mimados, de regreso a la infancia y de disciplina; se habló incluso de represión,  de información, de legalización; alguien dijo que si alguna vez los jóvenes ponían de modo comerse un bocata de jamón,se acabarían las drogas. 

Otros echaron la culpa al poco deporte que se hace en los colegios; nuestro paisano Piña, un diseñador de este fin de milenio, al que tú no conocerás, también estuvo allí.Todos en fin, y esa era su misión, utilizaron esta vez su glamour para ser los abanderados de una causa que no entiende de banderas. 
Lo curioso de este debate es que, para hablar de un tema que afecta a una juventud a la que no conocemos, no se llevara a ninguno de estos jóvenes. Lo curioso era, que si alguno de los contertulio conocía este mal de  fondo, no tuviera las suficientes agallas para poner sobre el tapete sus verdaderos motivos, o sus posibles errores,o su búsqueda de sensaciones más fuertes que las habituales; lo curioso era, como siempre, la frivolidad de algunos, la  ignorancia de muchos y la autoestima de todos para hacer de un debate serio y trascendente algo que no fuera mirarse su propio ombligo. 

Hablar de droga, es hablar de hábito; algo común en todos los humanos; solo que cada cual utiliza su hábito en lo que le gusta.Cualquier faceta que absorba en demasía, es motivo de preocupación para quien la padece. Solo son distintas las consecuencias. Y es eso lo que se  persigue; lo que molesta, lo que asusta, lo que degrada al individuo frente a una sociedad llena de parámetros que solo valora y justifica el triunfo económico.

La droga esta ahí,porque en algún recodo del camino el individuo se sintió solo, débil, asustado, impotente para hacer frente a tantas desilusiones como se le echaron encima. La droga está ahí  porque nuestra  sociedad no ha sabido crear alternativas al ocio, al paro juvenil, a la incultura. La droga está ahí, por la comodidad de  todos y el beneficio de muchos; la droga esta ahí por la rutina que nos invade, por la falta de entusiasmo, por la apatía. Si buscamos culpables no debemos  mirar demasiado lejos para encontrarlos; si buscamos soluciones, habrá que revisar nuestros conceptos filosóficos sobre el fin del ser humano en esta tierra. 

Desde que un niño empieza su edad escolar hasta que termina el COU se nos ha convertido en adulto. En estos años se deben poner los cimientos para desarrollar una personalidad fuerte, con criterio, capaz de discernir y valorar lo que tiene a su alrededor.Si en esta  etapa se fracasa - y me temo que se fracasa- debemos reestructurar los esquemas. Y aquí estamos implicados todos : maestros, padres, poderes establecidos... Deberemos exigirnos autenticidad, entusiasmo, prioridades, para que nuestros hijos amen la vida. Debemos desterrar el miedo al fracaso, la competitividad, la desigualdad; deberemos fomentar las aptitudes naturales y encauzarlas hacia una meta colectiva. Porque la riqueza de una sociedad, se nutre de individualidades y todas son necesarias.

No podemos permitir que a los dieciocho años, una persona se pregunte ¿ Y ahora que hago? Debemos dar respuestas, en la forma que sea, en la medida que podamos. El empleo juvenil es imprescindible para evitar un ocio excesivo que no conduce a nada bueno.  ¡Cuantos padres querrían que sus hijos trabajasen aunque su remuneración fuera pequeña, por el solo hecho de aprender un oficio!. 
Con medidas preventivas; con inversiones orientadas al desarrollo de la juventud, se evitarían muchos de los males que aquejan a una sociedad decadente, empobrecida de valores y anclada en el ostracismo del propio bienestar. 

Perseguimos una cometa brillante que vuela a favor de los vientos, falso señuelo de equilibrio, que solo se recrea en el gozo efímero del instante de su suspensión. 

Hagamos de nuestra estancia en la tierra, por pequeña que sea, por insignificante que nos parezca, algo sólido, porque en la medida en que nos sintamos fuertes, útiles, capaces, desterraremos los miedos que nos atenazan y nos someten a los desmanes de quienes saben aprovechar estas debilidades en su propio beneficio. 

Doy por supuesto, que habrá miles de actitudes y aptitudes que dirigidas en este sentido erradicarán, como una  mala lepra, la droga de nuestro entorno. Pero debemos buscarlas dentro de nosotros y tener el valor necesario para ponerlas en práctica. 

Si queremos que nuestros jóvenes, que nuestros hijos se desarrollen en plena armonía, aún es tiempo de tender un puente que los lleve hasta el siglo XXI, en la seguridad de que esos enemigos,no podrán seguirlos. 

sábado, 31 de mayo de 2014

LLUEVE SOBRE MADRID

En las últimas semanas, en los últimos días, esta mañana... los políticos no se cansan de repetir las consignas. Ahora vamos mejor. Y mucho mejor que iremos (aunque eso no lo dicen) cuando suban el IVA. Parece como si al cruzar el ecuador del tiempo que corresponde a cada mandato, hubiera que irse planteando las siguientes elecciones con mensajes triunfalistas que nadie se cree como han demostrado las últimas elecciones al Parlamento Europeo.

Por eso, quiero dejar en este blog, hoy mejor titulado que nunca "LAS VOCES DEL SILENCIO", un artículo que escribí en su día pero que, por desgracia, sigue teniendo vigencia:


Llueve sobre Madrid,, sobre los leones del Palacio de  las Cortes, sobre la sangre que las  heridas que la democracia debiera  cauterizar dejaron en el asfalto, sobre las esperanzas de quienes  presagian un futuro incierto, sobre tantos y tantos propósitos como nos anuncian quienes dicen tener en su mano la salvación de España… Llueve  sobre la libertad de expresión,  sobre las manos abiertas, sobre la indignación de quienes ya no aguantan de pie sobre su miseria, sobre los desahuciados, sobre los inmigrantes que un día nos parecieron la salvación, sobre los emigrantes  -los nuestros- que ya no pensaban volver a salir del suelo patrio y  ahora vendimian en el sur de Francia, o despachan te en las teterías del viejo  París, o trabajan en Zara de Vía Lafayette,  sin que sus  luchados títulos de arquitecto, de médico, de psicólogo, de ingeniero, -pongan en todos el femenino-,  les sirvan para mucho. Llueve…

Pero no es el agua, benefactora por excelencia, la que borrará las huellas de la batalla campal del 25 S, la que se llevará en la fuerza de su corriente los ecos de la desolación, el grito de auxilio de quienes se atreven –porque hay muchos más que no nos atrevemos, que tenemos miedo o que, simplemente, miramos hacia otro lado-.

Hoy el agua forma ciénagas, atasca los embornales, se hace torrente  y arrasa con su fuerza todo lo que encuentra a su paso. No, no es el agua vivificadora que todos esperábamos. Urge limpiar los escollos para que la fluidez de su recorrido nos deje una sensación de paz en el corazón. Y en las calles.  Para que a las puertas del congreso se vaya a vitorear y a celebrar  nuestra democracia. y no a otra cosa.

Ha pasado la hora de buscar culpables,               de llevarse las manos a la cabeza por lo que hoy toca hacer para paliar el despilfarro de quienes nos dejaron de esta guisa. Ha pasado la hora de los enfrentamientos verbales y de los otros  más contundentes- como el del 25S a las puertas del Congreso de los Diputados. Alguien tiene que darse cuenta –por favor que se den-de que lo único que nos divide es la dignidad, la que se pierde cuando se pierden el trabajo y las referencias, la que nos amarga convirtiendo en bilis nuestras intenciones.

Ya no sé si creo en los políticos, en sus mensajes electoralistas que olvidan nada más llegar al poder. Hubo un tiempo en el que sí creía, en el que veía a personas comprometidas con la sociedad, en el que se daban pasos para salvar diferencias, para conseguir mejoras sociales. Después, no sé por qué, vino la debacle. Y todo se volvió turbio. Y llegó la corrupción. Y se olvidaron de la democracia.

No me gusta que un ministro diga que la policía se portó espléndidamente pese a sus brutales  cargas, porque se supone que un ministro no es un policía, que un ministro lo es para evitar  precisamente eso, los enfrentamientos.
Las armas de la Democracia no deben ser las porras, ni las escopetas que disparan balas aunque sean de goma. Las armas de la Democracia deben ser las palabras, y si estas no son capaces de solucionar los conflictos habrá que echar mano de los referéndums,  porque en último extremo, debe ser el pueblo quien decida  quién y cómo nos deben gobernar
Y lo primero que en política debe venirnos a los ojos  es que quienes nos representan,  aquellos que con nuestro voto se hicieron cargo del gobierno, están luchando por nuestros intereses, por los mismos intereses que proclamaron en  campaña electoral. Porque hacerlo de otra manera es traicionar al electorado por mucho que las circunstancias, cuya interpretación siempre será subjetiva,  alarmen a nuestros dirigentes.
A nadie nos hubiera importado  apretar nos el cinturón hasta el estrangulamiento si lo que nos dijeron con la seguridad y la rotundidad con que lo hicieron, lo hubieran llevado a efecto. Léase no a la subida de impuestos, no a la privatización de las instituciones públicas,  y tantas hermosas palabras con las que nos vendieron el cambio.  O si nos hubieran dicho con la misma rotundidad, que las medidas a tomar, eran las que se están tomando porque no había otra salida. Eso es lo que se espera  de los políticos, sea cual sea su signo: Sinceridad.

Una sinceridad que evite unos enfrentamientos que provienen de la indignación  de  quienes, cansados de tanta mentira,  faltos de esperanza y de futuro se dan al recurso del pataleo como única medida de protesta.  Nunca unas manos abiertas debieran provocar violencia. Nunca unos gobernantes debieran justificar el empleo de la fuerza represiva.


Si  la Democracia no sirve para salvar diferencias, ¿para qué sirve?

martes, 27 de mayo de 2014

SOBRE LA CRÍTICA (un exceso de huevos)




A veces, la acidez, es fruto del exceso. Sabido es que después de grandes ingestiones, uno tiene que echar mano del bicarbonato o de la sal del fruta AENO@, para regular las disfunciones que se obran en nuestro estómago. Ni que decir tiene, que el resultado es obvio, y que después de tres o cuatro buenos eructos, vuelve la normalidad y nos sentimos tan ricamente.

Algo parecido, y permítaseme la comparación, ocurre con la crítica cuando ésta excede a su justo cometido en una sociedad democrática. Porque lo que es evidente es que la sociedad debe ser democrática para que la crítica sea permitida. (Cuántos críticos, buenos críticos, se han perdido en las dictaduras, que hubieran podido elevar su función a la categoría de Arte Mayor! Pero había que callar y tragarse todo lo que nos fueran echando por mor de no ser catalogado como Adesafecto@ (se las trae la palabreja).

Yo, que ciertamente nunca me he considerado capaz de la crítica, reconozco no haber tenido mayores problemas en la vida cuando, ésta, la crítica era imposible. Todo es cuestión de circunstancias: Calla el padre, calla el hijo. Si el padre no habla por algo será. Y todo transcurre sin más trascendencia. Si uno veía un burro volando se decía: Apues no sabía yo que los burros volasen@. Y así, los unos hablando por lo bajini, los otros acostumbrados a no hablar, hubiéramos pasado la otra mitad de nuestra vida sin atrevernos a levantar nuestra voz, por muy aflautada que ésta sonara

Hoy, afortunadamente, todos podemos hablar: los que saben y los que no sabemos. Y todo porque un buen día se instaló la democracia en nuestro país. Y alguien dijo: podéis hablar. Desde entonces han proliferado los iconoclastas, los pragmáticos, los biempensantes, los limpios de corazón, los que ven la paja en el ojo ajeno y no ven la viga en el propio. Y como si nunca hubiera sido de otra manera, nos hemos puesto a largar, hasta tal punto, que se ha llamado a los medios de comunicación, el cuarto poder, tal ha sido la fuerza de la palabra durante tantos años amordazada.

Pero ha sido tal la ingestión que la liberalidad ha producido que, inevitablemente, se ha manifestado la acidez, la pesadez, la reiteración, la mala leche... todo en dosis de escándalo.


Me viene a la memoria uno de esos cuentos con moraleja; de los que el vulgo eleva a la categoría de axioma: Entró aquel muchacho de  aprendiz de carpintero cuando los aprendices eran como pupilos del maestro, es decir, dormían y comían en la casa. La primera mañana, la mujer del maestro le puso de almuerzo un huevo cocido y el maestro lo mandó a aserrar troncos para que fuera aprendiendo a manejar tan difícil herramienta. Ligero y animado por el frugal almuerzo cogió un ritmo rápido que acompañó de esta cantinela : AComo un huevo, como un huevo, como un huevo...@; vista por el maestro la celeridad que el huevo había infundido al aprendiz,, aconsejó a la mujer que al día siguiente le pusiera dos huevos como almuerzo para ver hasta dónde podía llegar la rapidez del muchacho. Satisfecho por la mejora en el almuerzo, el mozo, cogió un ritmo algo más acelerado que el del día anterior y lo acompañó de parecida cantinela: AComo dos huevos, como dos huevos, como dos huevos...@,  repetía incansable. Esto marcha, se dijo el maestro, y volvió a sugerir a la mujer que aumentara los huevos del almuerzo. Así lo hizo y al día siguiente le puso tres de los más hermosos que había en el gallinero. El zagal supo con la vista que aquello era demasiado y los comió con recelo; y en efecto, notó cómo el tercero le producía cierta pesadez en el estómago. Cuando el maestro lo mandó a aserrar, el muchacho se encontraba verdaderamente mal. Con desgana, y con un ritmo lentísimo, comenzó a manejar la sierra diciendo Atanto lo más como lo menos, tanto lo más como lo menos...@
Y es esta moraleja, la que humildemente creo que se debe aplicar en todos los órdenes de la vida, y más concretamente en lo que en este artículo pretendo manifestar:  el equilibrio debería ser la virtud más ponderada de todo crítico que se precie de serlo. El respeto a las instituciones y a las personas que las rigen (ojo, que nadie lea vasallaje o servilismo), no está reñido con la firmeza en el decir si verdaderamente hay que decir; de la misma manera, que  el elogio ante una gestión bien realizada, no es síntoma de debilidad o de amiguismo.

Piénsese la crítica, fundaméntese el motivo y téngase la magnanimidad suficiente y exigible a toda persona que se atreva a erigirse en valedor de opiniones.

No sea que, como al aprendiz de nuestro cuento, se nos indigesten los huevos.

domingo, 25 de mayo de 2014

AURAS

A  veces uno, nota nada más poner los pies en el suelo, que alguna energía negativa quiere jugarle una mala pasada. Es un presentimiento, o ni siquiera eso.Es la sensación de que hoy las cosas no van a rodar demasiado bien. Suele ocurrir lo contrario por regla general, porque los sobresaltos casi siempre te pillan descuidado.

Pero hoy el día no transcurría demasiado mal, si no fuera por los cotidianos problemas: un paquete a portes debidos, una mercancía defectuosa, la modista que se retrasa en la entrega del trabajo...Nada nuevo y nada imprevisto.

  Casi a la hora de cerrar, se deja caer algún viajante que quiere aprovechar esos últimos minutos para evitar perder, esperando, toda la siesta. Hoy, era mi amigo el lama, hombre de exquisitas maneras el que, con renovados argumentos, pretendía demostrarme la necesidad de tener sus productos en mi establecimiento. Como quiera que la ocasión no era propicia,di por zanjada la cuestión, si bien para suavizar mi negativa, aludí a la crisis, al exceso de existencias, al desánimo...Cosas por otra parte que no se apartaban demasiado de la realidad de mi estado de ánimo.Mi amigo el lama, excelente conversador, intelectual destacado y profundo conocedor de la religión budista, sopesó mi respuesta y en un inevitable deseo de animarme, comenzó a hablarme del "chacra" gris que rodeaba mi cuerpo, que viene a ser algo así como un aura negativa que me envolvía, aniquilándome.

La verdad es que soy receptivo a todas aquellas manifestaciones que tratan de explicar la verdadera concepción del ser humano, o el fin para el que hemos sido creados, o las diversas formas de vida después de la vida.Reconozco también que la limitación a la que trabaja un cerebro normal impide conseguir mayores niveles de conocimiento, percepción, sensibilidad, etc.,que un cerebro superdotado. Pero hasta ahora, salvo en la ciencia ficción no conocía humanos con los poderes del extraterrestre Supermán.

Bromas aparte,y aún aceptando que algunas personas puedan ver e interpretar el aura que nos envuelve, la vida de cada cual transcurre como puede. Las energías, positivas o negativas son fruto de una sociedad que casi siempre nos tiene insatisfechos porque eso es lo que conviene a sus propósitos. Buscar salida a esta insatisfacción es lo que pretenden las religiones de todo el mundo, con promesas de vida futura, o de reencarnación. La sabiduría, si se pudiese, consistiría en dar de lado a todo este tinglado y escaparse al desierto o a una isla poblada de cocoteros en compañía de lo que a cada cual apeteciera.. Lo demás son teorías indemostrables que solo sirven para atenuar en lo posible la inmensidad del vacío.

Quien pretende escaparse de la excelsitud del cuerpo está negándose el privilegio de gozar de ese mismo cuerpo: De sentir, de oler, de gustar, de contemplar, de escuchar. Aquí y ahora.

Las otras vidas, y me gusta pensar que existirán, serán otras formas de vida: espirituales, o de cualquier otro tipo. Y serán vividas de la forma que mejor se adapte a la dimensión que corresponda, o a la materia de la que estemos formados.

Después de todo, mi amigo el lama tiene razón, pero no porque contemple mi aura, sino porque está viéndose reflejado en mis propias cavilaciones, que son las de cualquier mortal en su lucha diaria por sobrevivir.

sábado, 3 de mayo de 2014

EN UNA LEJANA TARDE DE LLUVIA.

Llueve mansamente , hermosamente ; como si la lluvia pidiera perdón por tantos años de ausencia . Algo se limpia cada vez que llueve ; hoy cae blanda , dulcemente, como queriendo limpiar todos los malos humores de nuestra sociedad . Es posible que el campo vuelva a ser verde, como las esperanzas de los que de él dependen . Es posible que empecemos a pensar que no pasa nada ; porque nada pasa realmente serio . Lo serio es la guerra, la enfermedad, las plagas, el exterminio . Todo lo demás son males menores ; males de una sociedad medrosa envuelta en los celofanes del consumo ; incapaz de pensarse retrocediendo . Porque esta sociedad está concebida para no retroceder - sería el fracaso - nunca. Es preciso crear necesidades ; consumir vorazmente ,  por encima de criterios o de posibilidades . Solo así puede ser fuerte una sociedad de consumo..El regreso sería hundir a las multinacionales, desajustar los esquemas , romper el índice de desarrollo previsto ; entrar en definitiva en una vorágine de quiebras imposibles de asumir . El regreso sería el caos. Es tal el entramado de nuestra sociedad de consumo que nadie puede salvarse de su arrolladora influencia . Todas las células están interconectadas para que el consumidor final no haya un momento de respiro . Porque el consumo es el motor que impulsa el progreso.

No sé si yo quería decir esto en este artículo . Lo cierto es que el director me dijo anoche - como siempre- " prepara algo para mañana " . Y mañana es hoy . Comencé a escribir anoche , arrullado por la bendita lluvia con la intención de hacer una página con sabor otoñal . Pero tuve que cortar por exigencias del guión - del guión de mi vida se entiende - y ahora es difícil encontrar el hilo .
Yo quería hacer constar que es difícil mantener las individualidades en una sociedad tan mediatizada . Por eso tienen mérito algunas personas que saben llevar hasta sus últimas consecuencias su entrega al ejercicio de su profesión ; o dedican su tiempo libre a obras sociales ; o desdoblan sus horas en proyectos de ayuda a los más necesitados. Estaba pensando en Don Emiliano , tan agasajado últimamente ; tarde no, porque antes no lo habría aceptado ; antes su tiempo estaba dedicado por entero a sus pacientes : Estaba pensando en Tomás , el bueno de Tomás Sánchez Gil , que se dio por entero en Cruz Roja y que hoy padece obligado retiro en nuestro Hospital . Estaba pensando en Pedro el tapicero que dedica sus horas a preparar la cabalgata de Reyes de los más pobres . Estaba pensando en Jesús , " Jesusillo", otro tapicero. Que hasta el nombre se hace humilde en los humildes . Estaba pensando en tanta buena gente de nuestro pueblo de las que podría decir el nombre propio . Estaba pensando en las hermanas de la caridad con sus cien ancianos a los que dedicar una sonrisa. Estaba pensando en Guillermo que tocaba su Fagot hasta que una pirueta lo ha sentado en una silla de la que - estoy seguro - se levantará algún día.

Era esto lo que yo quería decir en esta tarde noche en la que el agua hace cascabeles en el asfalto de la desierta calle ; quizás purificado por esta magnánima demostración de esa fuerza suprema que todo lo regula.

Era esto : Que nada hay tan importante como ser persona ; que nuestra sociedad debe potenciar las individualidades ; que progreso sí , pero sin perder el norte ; que al final, solo quedan las huellas en la senda que perfila el camino de la vida.

lunes, 21 de abril de 2014

EL RESCATE DE ELIAN. (Una historia de pateras)

No sé si recordarán el caso de Elian. Ocurrió hace bastantes años. Las televisiones se hicieron eco del suceso y lo utilizaron como carnaza para emitir noticias y más noticias. Era la historia de una tragedia en una patera que trataba de salir de Cuba. Yo escribí el artículo que ahora rescato y que traigo a este blog porque aún la situación que planteo sigue produciéndose.



Sobre el alma curtida de la Tierra se aloja un nuevo llanto. Acaso será el llanto más contado de la Historia desde que el rey Boabdil entregara la ciudad de Granada y su madre con una arrogancia inusual en una madre le dijera aquello de ALlora como mujer lo que no supiste defender como hombre@. Y es que la historia se nutre de momentos, de pinceladas, de circunstancias que casi nunca han contado los protagonistas. Seguramente el rey Boabdil tendría una contestación para aquella lapidaria frase; posiblemente, llorara también por aquella muestra de rigor e incomprensión con la que pasaría a la Historia tan a su pesar.

Son esos instantes los que anulan la verdadera trama por la que transcurre la vida; esa vida que llora en tantos lugares del planeta y a la que estamos tan acostumbrados que ya sólo nos produce  indiferencia.

El llanto de Elian tiene varias etapas: La primera - que no llegaron a captar las cámaras-, fue un llanto de desolación frente a la inmensidad de un mar que le había arrebatado del último abrazo de una madre angustiada. Un llanto que no entendía de ideologías ni de razones para arrojarse a las tinieblas en busca de la libertad; un llanto desposeído del más mínimo rencor hacia quienes provocaban situaciones tan dramáticas desde las poltronas del poder insensato.

Fue después el llanto convulsivo de quien ve que la vida le abre de nuevo los brazos, aunque estos fueran rudos brazos de marinero, tan distintos de aquellos otros que el agua se llevó cuando más los necesitaba.

Pero no terminaba aquí el llanto del pequeño superviviente que, de la noche a la mañana se vio rodeado de todo lo que nunca pudo imaginar. De pronto era el Rey del Mundo y fue su llanto, esta vez indefinible, una muestra más de la equívoca unción con la que nos atrapa el consumo. Fue suficiente tan corto espacio de tiempo para que un pequeño ser, zarandeado por  todas las corrientes que hacia él se dirigían, se manifestara como el epicentro de una convulsiva guerra dialéctica en pro y en contra de su posible destino. )Qué destino podría ser mejor que el de no haber tenido que desprenderse tan trágicamente de los brazos de su madre?

Sin embargo, no parece importar a nadie la dramática razón de la situación del pequeño Elian. Todos quieren ponerse la medalla del humanismo, de la solidaridad, de la entrega generosa. Sus familiares exiliados, los cubanos exiliados, los cubanos de la isla, el mundo entero dividido sobre la manera con la que se debe actuar en esta delicada situación.

No entraremos en valoraciones sobre el cómo se debe solucionar este problema; pero sí lo haremos sobre el porqué. Y el porqué no es otro que la opresión que se ejerce sobre un pueblo sometido a una férrea dictadura; una opresión endulzada con los cantos de sirena de unas consignas arcaicas y fuera de lugar que prometen un paraíso a todas luces imposible. Es probable - es seguro- que el mundo necesite una nueva remodelación de sus ideologías para que nunca puedan existir situaciones de fuerza que anulen al individuo. Claro, que mientras tanto, tendremos que escuchar muchos llantos sobre esta Tierra que, lo entendamos o no, es la Tierra Prometida.

Al llanto de Elian, al terrorífico llanto provocado por la absurda manera de dar fin a este asunto -)No habrá cuerpos de psicólogos especializados en tragedias?- debemos unir los llantos silenciosos de quienes mueren sin sospechar siquiera que existe otro mundo; el llanto silencioso de quienes llegan a la vejez desprovistos del más elemental derecho humano: el del amor; el llanto silencioso de quienes ni cuenta llevan ya de los días que hace que no han comido; el llanto de los supervivientes de las bombas de Nepal o de Hiroshima ; el llanto de las víctimas de todas las guerras provocadas por la incomprensión y el fanatismo. El llanto...

Y, como siempre, la pregunta que nos muerde, que nos corroe, que nos llena de impotencia ) Qué puedo hacer yo? También nosotros podamos hacer algo al respecto: Ser críticos con quienes tienen el poder; exigirles que en sus programas se planteen soluciones globales, acuerdos internacionales, medidas integradoras para que la humanidad -Una- sea merecedora de habitar sobre esta tierra. Es posible. Hoy, es posible.


jueves, 27 de marzo de 2014

PATRIA


PATRIA

Patria.(Del lat. patrĭa).1. f. Tierra natal o adoptiva ordenada como nación, a la que se siente ligado el ser humano por vínculos jurídicos, históricos y afectivos.
2. f. Lugar, ciudad o país en que se ha nacido.

Es probable que, hoy, si hubiera que acuñar este concepto en el diccionario de la Real Academia de La Lengua,  tuviera que ser ampliado. Si hemos entrado en la Unión Europea y en el Euro; si se han eliminado fronteras y se han  desarrollado leyes comunes a  todo el territorio europeo; si se han creado fondos para el desarrollo de países menos avanzados, o para la agricultura, o para el rescate de las economías más castigadas por la crisis; si, en fin, hemos avanzado en este escabroso mundo de manera sustancial , y en breve votaremos la nueva composición del parlamento europeo, no se entiende que la definición de patria siga inamovible.

Pero mucho menos entendible aún es la declaración alemana de que a  los emigrantes que en seis meses no hayan encontrado trabajo, se les expulsará del país. Se dice que para evitar la emigración de la pobreza, por aquello de la mala imagen, supongo. Pero quién va a emigrar ¿los ricos? Se supone que emigran los pobres, los que no tienen trabajo, los que buscan una salida a su vida que no encuentran en su país de origen. Los ricos, los hacendados, los bien situados, los poderosos, se quedarán par a seguir engordando sus patrimonios aunque sea a costa de sueldos cicateros, de jornadas interminables, de desamparo social. Mucho tendrían que decir de estas situaciones los gobernantes. Pero dicen: NO.  Que cada palo aguante su vela. Bastante tenemos con nuestros propios pobres, con nuestros trabajadores en paro, con cubrir nuestras necesidades.

Puede que lleven razón, pero ¿qué hacemos entonces con los pobres del mundo?  ¿Les cerramos las puertas a la esperanza?  ¿Los encerramos en guetos?  ¿Los gasificamos? ¿Creamos campos de refugiados de esos que luego nos muestra la televisión, donde se hacinan cientos de miles de personas viviendo en condiciones infrahumanas?

Por eso vuelvo al concepto de patria. Porque creo que hoy, patrias sólo debía haber una: LA PATRIA DEL MUNDO. Con iguales derechos, con iguales posibilidades. Esa sería la ardua tarea para la que ningún gobernante de la tierra está preparado. Esa la asignatura pendiente desde hace dos mil años. ¿Llevarían razón los que condenaron a Jesús cuando dijeron que sus palabras no servían para nada y que el hombre seguiría siendo igual por los siglos delos siglos?

NO se trata de crear ONG es, que sin duda hacen una importante labor humanitaria. Se trata de crear un MINISTERIO MUNDIAL DE LA POBREZA en el que cada país contribuya según sus medios . Se trata de erradicar los focos de miseria que existen en el mundo. Seguro que sería más barato que la guerra más barata, o que el despilfarro de los gobiernos, o que la corrupción de los ambiciosos.
Puede que esto suene a demagogia,  a utopía. ¿Cómo no,  si yo sólo soy un pobre ciudadano de un pobre país, con escasos conocimientos para la envergadura de lo que estoy pretendiendo desarrollar?

Pero “doctores tiene la Iglesia” ¿Seguro que no habría soluciones dignas que dignificaran a todas las personas que han tenido la desgracia de nacer en sitios desfavorecidos? Tremenda tarea  la de las generaciones venideras.

jueves, 13 de febrero de 2014

FILOSOFÍA Y CONSUMO.*

* (Artículo rescatado del cajón del olvido)




En los pasados días y mientras los más celebrábamos nuestra feria, los menos intentaban ganarse el sustento vendiendo lo que ha dado en llamarse "discos pirata", con un ojo puesto en la mercancía y otro en el paseo vigilando la posible llegada de algún policía o guardia civil, momento en el que recogían sus pesados fardos y se perdían por los aparcamientos de la Feria del Campo para volver pasados unos minutos a su delictiva actividad. Alguien me ha comentado que a alguno de estos vendedores se lo llevaron esposado recogiéndoles la mercancía.

Sin entrar en la cuestión de lo ilegal de esta actividad, sí quiero pararme en los motivos que obligan a estas familias, a utilizar este modo fraudulento de ganarse la vida. Se trata de  encontrar ese hueco que permita salir adelante en un país extraño en el que nada es tan fácil como alguien dijo.

Con reiterada frecuencia, diversos medios de comunicación se están haciendo eco de la piratería que existe en el mercado del disco y del descalabro al que esto puede llevar a las empresas discográficas y a los cantantes.

Como todo lo que nace orquestado, y bien orquestado,  el sonido de estas proclamas encontrará eco en un auditorio dispuesto a hacerse eco de todo lo que le digan desde esa  nueva célula familiar en la que se ha convertido la televisión y  a cuyo cordón umbilical, parece que todos estemos enganchados.

Decir que la piratería es un mal menor, sería a todas luces una incongruencia por mi parte, pero decir que la piratería puede estar revestida de legalidad, con lo cual deja de ser piratería, es algo que a todos se nos pasa por las mientes. Me explico: ¿Qué es lo que hace legal cualquier forma de comercio en un país de libre mercado?: Estar dada de alta como empresa , pagar el I.A.E., las liquidaciones trimestrales de I.R.P.F., bien por el método de contabilidad directa o por el de módulos concertados etc, etc. A partir de ahí, cada cual puede buscarse sus trucos sin temor a caer en la ilegalidad. Salvo pifias de gran envergadura, desde ese momento vale cualquier argucia que el comerciante avispado pueda introducir en su sistema para hacer llegar sus productos al consumidor.

En ese terreno, la "piratería legal" se mueve a sus anchas. Pueden por ejemplo, las empresas, utilizar tus datos personales, sacados de algún banco de datos que alguien se encarga de vender a los interesados, para acribillarte a ofertas utilizando una masa potencial de clientes a la que en ningún caso puede acceder el comercio tradicional, con la consiguiente reducción de precio final, pero no de beneficio para le empresa que al vender masivamente y sin intermediarios, puede abaratar  sus costos. Si a esto añadimos que tal empresa no tendrá más infraestructura que una recepcionista de pedidos y una conexión con fabricantes que, en función a las cantidades pedidas, también rebajarán su precio, podemos imaginarnos la reducción de costos laborales a la que se puede llegar. Si esto, además, se adereza con regalos que nunca son tales y se envuelve con toda suerte de argumentos baratos y poco fiables para dorar la píldora, podemos imaginar que el resultado final será óptimo.

Pueden los bancos y cajas de ahorro, convertidos últimamente en bazares, obsequiar con todo tipo de utensilios a quienes hacen imposiciones a largo plazo, o simplemente incrementan su cuenta en una época determinada. Así se ofrecen, ollas exprés, parcas, toallas, mantelerías, juegos de café, vajillas, cuberterías, edredones, bicicletas  y todo lo imaginable a cambio de un dinero que, aparentemente,  gozará del mismo interés que si no existiera el regalo, pero que, lógicamente, si no existiera el regalo podría dar mayor interés. Sin embargo, nadie pone freno a este pingüe negocio que va en detrimento del comercio tradicional. ¿Tienen patente de corso estas entidades para llegar con sus tentáculos a todo lo que se pone en su camino?. ¿ No sería más lógico, que los bancos captaran su pasivo a través de buenas ofertas de rentabilidad y no de esas rebuscadas artimañas que más parecen de bazar de todo a cien?

Enumerar aquí, la cantidad de métodos legales para ejercer la piratería (¿no es piratería la publicidad engañosa?), nos llevaría más espacio del que corresponde a un artículo, pero basten estos dos ejemplos como botón de muestra de las muchas argucias que permite la legalidad.

Es, sin embargo justo, llamar la atención sobre esa clandestina manera de inundar el mercado de copias de "discos estrella" que, según voces autorizadas, están a punto de hundir a la industria discográfica y a los cantantes en la ruina más absoluta. Aceptando que pueda haber algo de verdad en estas afirmaciones, yo creo que el mundo discográfico merecería un análisis más en profundidad para encontrar las verdaderas causas de esta crisis anunciada a bombo y platillo.

En relación con esta última proclama contra la piratería discográfica, me viene a la memoria lo que en alguna ocasión, leí en una revista de actualidad sobre la manera de repartir el dinero que el consumidor paga por un disco. Desde el que cobra los impuestos, hasta el que maqueta la carátula, hay un río de dinero engrosando esos mares que nunca sabremos a ciencia cierta el caudal que acogen, pero de los que tampoco, nunca, descubriremos el cieno de su fondo.

¿Se les ha ocurrido pensar, que rebajando su producto ( cosa  que la piratería está demostrando que puede ser posible) solucionarían el problema? Pero en ésta, como en tantas jugadas del consumo, lo que se pretende es eliminar al adversario para tener el campo libre y actuar desde la impunidad del monopolio.

Se quejan los cantantes, pobrecitos ellos, que sólo cobran diez, quince o veinte millones por actuación; se quejan las multinacionales a quienes no le gusta que alguien les haga sombra; se quejan, con lógica, los recaudadores, que ven la posibilidad de incrementar sus recursos, se supone que para buenas causas. Pero el consumidor, que a veces no puede acceder al original  porque el euro le impide estirazar hasta fin de mes,  aprovecha esas ofertas que el mercado ¿pirata? pone al alcance de su mano sin cuestionarse si ésta es una manera lícita o ilícita de hacerse con un producto parecido al " estrella".

Perseguir la piratería suena a cruzada nacional. Estos piratas, que suelen llegar en patera o en el inverosímil hueco de un camión tienen como primera intención  buscarse una vida que no encuentran en su lugar de origen; lo que ignoran, es que tampoco la encontrarán en el de llegada. No saben, o no pueden, trabajar en la industria; son ilegales, sin papeles, apátridas en un mundo que debiera ser uno, pero que es muchos a la vez. Algunos se organizan y crean el producto ilegal; otros , la mayoría los venden con un pequeño margen de beneficio que, como mucho, dará para ir tirando en esta parte del mundo que no es la bicoca que imaginaron. Al final serán cientos, miles de vendedores clandestinos que inundarán el mercado de copias de Corazón Latino, o de discos de  Chenoa,  Manu Tenorio, Bustamante... ese otro producto estrella creado al amparo del filón que ha supuesto Operación Triunfo. Lo curioso es que ellos, los chicos y chicas de este evento, recién incorporados a este mundo y millonarios ya en ventas y en galas multitudinarias, también se quejan de la piratería, aleccionados por quienes saben que su palabra sonará a limpia gracias a ese origen humilde del que casi todos presumen.

No es lícita la piratería ( aunque, a decir verdad, quién no ha copiado un disco, o una película de video o un programa de ordenador o ha fotocopiado un libro con la naturalidad de quien no se percata de que ese acto pueda estar infringiendo las leyes de la propiedad intelectual), pero mucho menos lícito debiera ser el abuso en el que caen quienes, libres de competidores, se dicen aquello de "ancha es Castilla".

El consumo y la vida  necesitan de una planificación lógica para no seguir cayendo en el error y en el abuso. No hay espacio suficiente, ni en el cerebro humano, ni en las viviendas de clase media, para albergar todo aquello que la industria y el comercio ponen a nuestro alcance. Sin embargo, nunca nos parece bastante lo que tenemos. Y aquí mi pregunta ¿es sólo el deseo de posesión el que mueve los entresijos de nuestra cacareada humanidad?

lunes, 10 de febrero de 2014

EVOCACIÓN*

*Este artículo lo escribí hace veinte años ( que a pesar de lo que diga la canción, son muchos; sobre todo si sabes que otros veinte, difícilmente los vas a salvar).   el 0,7, fue un movimiento parecido al actual 15M. La gente tomó el Paseo de la Castellana y estableció allí sus tiendas de campaña durante largo tiempo. Reclamaban un impuesto a nivel de estado del 0,7 % para ayudar a los países del tercer mundo. He de confesar que no estuve allí. Y no puedo decir que me habría gustado, porque sonaría a falsa excusa. Lo cierto es que siempre ha habido censores del capitalismo; gentes que entienden la vida de otro modo y tratan de reivindicar sus postulados. Otra cosa cierta es que parece que el artículo no es tan viejo; que las similitudes con la actual situación lo mantienen latente. De ahí que ahora lo rescate del olvido...

                                                              ***


Tengo cuarenta y ocho años. Estoy, nunca lo hubiera imaginado, en el campamento del 0,7, intentando no sé qué. Debe ser importante a juzgar por el entusiasmo de los jóvenes que dirigen este evento. A ambos lados de la larga fila de tiendas de campaña, circula una inacabable procesión de vehículos, muchos suenan sus claxon como apoyo a esta manifestación que cada día se va alargando más dando a la ciudad un aspecto nómada y provisional( bien mirado nuestra estancia en la tierra tiene ese mismo sentido de provisionalidad), otros protestan, gritan frases que se pierden, pero que no parecen de apoyo; es lógico que haya opiniones para todos los gustos. Pero lo que más me ha impresionado, la razón por la que estoy aquí, es porque me parece que este campamento es el punto de partida de una nueva civilización. Una civilización en lucha contra el consumo y el sometimiento a unas leyes de mercado que exigen crear cada vez más necesidades para seguir dominando a un mundo que ha perdido el concepto de su individualidad. El campamento del 0,7, no es una llamada más de las muchas que últimamente vienen haciendo ecologistas y científicos para que seamos conscientes del enorme deterioro al que estamos sometiendo a nuestro planeta, el campamento del 0,7 es una muestra de que una sociedad joven y creada en el consumismo más feroz, ha dicho ¡basta! a un progreso sin base, a un desarrollo inhumano, a una robotización de  nuestro género que a finales del siglo xx quiere romper con tantas imposiciones absurdas para poder vivir de una forma adecuada a lo que la sociedad exige.
Es evidente que algo ha cambiado en el panorama económico, por mucho que los políticos se empeñen em decir que la crisis ha tocado fondo. Ha cambiado el sistema capitalista, en su voracidad por ser más competitivos, eliminando unos puestos de trabajo que nunca más serán ocupados por personas(como si una producción mayor pudiera ser consumida por quienes no tienen ingresos determinados por su renta de trabajo). Han saltado al panorama internacional unas potencias que, aletargadas durante siglos, han despertado a la producción y han desviado el rumbo de las multinacionales hacia esos sitios donde el costo es mucho menor sin tener en cuenta que no consiste en producir más o más barato, sino en consumir lo que se produce. Han desaparecido los oficios tradicionales que de padres a hijos o de madres a hijas creaban medios de vida, que no riqueza, suficientes para realizarse como personas: artesanos, carpinteros, marmolistas, agricultores, fontaneros, y todos los imaginables. Ahora nuestros hijos estudian en la universidad, carreras de futuro -porque el gusto o la vocación personal no suelen llenar el estómago o cubrir las numerosas necesidades de la sociedad actual-que luego servirán para sentirse traumatizados al no encontrar el puesto de trabajo adecuado. La universidad no forma, capacita a los más capacitados y desmorona a quienes lo son menos, en función de una masificación a la que no puede dar salida. Y así, un sin fin de causas para que la nueva sociedad que emerge, se plantee su postura ante la vida de una forma lógica y decidida.
Por eso, este campamento del 0,7, es algo más que una petición de solidaridad para con los más pobres, es, además, el cimiento de una nueva civilización, de una nueva filosofía, de un nuevo credo. Es, por fin, la respuesta de quienes deben orientar el futuro de la humanidad hacia una nueva cultura que elimine del progreso lo pernicioso y equipare a todos los pueblos y razas de la tierra.
Por eso yo, tímidamente, he llegado hasta aquí, tratando no de ayudar, sino de ayudarme. Quiero demostrar con esta experiencia, que se puede decir basta, que cada uno de nosotros, también puede contribuir a conseguir ese mundo que a todos nos gustaría, que esa frase de "pero que puedo hacer yo" es una simple excusa para no salir del ostracismo. Quiero que esta experiencia me acerque a mis hijos, quiero desterrar el miedo a no tener, a no poder, al frío, a la necesidad. Ya sé que és difícil, de eso se vale la sociedad de consumo: de nuestros miedos, de nuestras limitaciones.
Nunca en mi vida he sentido frío, ni un solo día me he acostado sin comer, cualquier contrariedad me hunde, por nimia que parezca; no digamos si falla el negocio. Miedo, miedo, siempre miedo. La vida es otra cosa, pero necesita de todos nosotros, de nuestro firme propósito de vivirla de otro modo para conseguir romper todas las vallas de protección que hemos ido poniendo a nuestro alrededor.
No quiero pregonar con esto la vuelta a las cavernas, pero desde luego retroceder hay que retroceder: Para seguir andando, para tener el coraje de ser personas auténticas, para compartir desde la necesidad porque desde la abundancia no se comparte, se dan limosnas; para tener conciencia de que mi paso por la tierra no será baldío.
Eran tantas las razones, que con el consentimiento de mi familia, logré dejar todas mis preocupaciones encerradas y me vine aquí. Confieso que ha sido una experiencia edificante. Y por supuesto, el preludio de una nueva era.