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viernes, 5 de diciembre de 2014

CONVERSOS

             
                          1
Permitidme, poetas,
que hoy me sienta con ganas
de componer poemas viscerales
con palabras del pueblo.
Dejadme que aún persiga la esperanza
de ser unión y vínculo.
Dejadme que me entiendan
los que siempre vivieron engañados
con tanta retórica aprendida
en libros de gramática.
Dejadme sospechar
que aún quedan sueños
para crear auroras.
Dejadme que el mañana esté en mis versos
como esperanza al menos
para el que ahora sucumbe.
Dejadme hacer,
aunque mi verso escueza,
aunque no tenga forma,
ni rima, ni medida;
aunque alguien se sonría
y me tache de ingenuo.
No me cerreis la puerta
con un verso rizado
con un tirabuzón endecasílabo
        con una tropelía de metáforas
vacías de sentido.
No me cerreis la puerta
mientras quede miseria entre las uñas
de los afortunados, de los inteligentes,
de quienes pueden dar el visto bueno.
2
Componer es jugar con las palabras
cambiarlas de lugar cuarenta veces
acechar los sinónimos precisos,
descubrir nuevas formas,
investigar las sílabas hasta hacerlas papilla
y después digerirlas
en una creación sodomizada.
Pero es la frialdad la que rezuma
la asepsia la que impera en esos versos
que surjen de una noche inhabitada.
3
Dejad que de la ciénaga
surja el ser más perfecto
el más esplendoroso de los hombres
el superhombre atómico
que nos traiga el maná de la tibieza.
Quizás es el sopor
el estado de gracia y de él venimos.
Seres inacabados, imperfectos,
        una tara genética nos hace
odiar hasta la muerte
o amar hasta la vida.
4
En este corazón desvencijado
canoso ya de vida consumida
está desde la albura decidida
mi suerte de mortal, estoy marcado
con un hierro candente en el costado.
Por eso en esta vida compartida
me consuela saber que no es mi herida
ni peor ni mayor que la de al lado.
Y entre muerte y dolor sigo viviendo
una porción de tiempo insuficiente
para encontrarme al fin con la esperanza.
Y lo que en esta vida estoy haciendo
no deja de fluir de la corriente
en la que vamos, hacia el mar, muriendo
5
Y termino mi charla
mi poema o mi qué. Cómo saberlo.
Soy fruto de un impulso
que camina perdido.
Voy limpiando maleza en mi camino.
Mi mano encallecida
va empuñando la  hoz,
                        el  martillo, la pluma
                según la circunstancia
y la necesidad que me somete.
6
Perdonadme, poetas,
me quedo con la gente
que aún sueña madrugadas de relente,
que aún tiene corazón y sufre y ama
desde su condición de condenados.
Mi verso es oración, alguien lo ha dicho
                        hace tanto que ya me suena a nuevo.